Violencia…

Violencia

No se puede justificar la violencia. Entenderla sí, comprenderla sí, estudiarla sí, pero no justificarla.

La violencia en sí no es ni buena ni mala, son como las piedras o los cuchillos o el dinero, que depende lo que se haga con ellos.

Hay muchos tipos de violencia, algunas son duras, sangrientas, otras silenciosas y apoyadas por leyes y comunidades enteras.

El mayor valor del ser humano es la vida y su derecho a vivir con dignidad.

Al final, lo que realmente cuenta, es la libertad de cada uno y en que esa libertad no coarte la de los demás.

No se debe confundir el mal gusto con la apología, ni la estupidez con la incitación.

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Soy

Soy: lo que ya no soy y lo que aún no soy. Soy el que es y el que no es.

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Errar es de humanos…

El ser humano tiene una gran incapacidad para reconocer sus propios errores, y sin embargo, le cuesta muy poco trabajo ver los errores ajenos: criticarlos, usarlos a su favor e incluso alegrarse. Pero “errar es de humanos”, tan de humanos que lo hacemos a diario y todos, en mayor o menor medida, más conscientes o menos, inconscientemente muchos diría.

Hay una concepción muy equivocada sobre el error, se piensa que es fruto de la ignorancia, de la dejadez, de la falta de instrucción, etc. y hasta cierto punto es así. Yo pienso como Edison, “no fracasé, sólo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla”. Es decir, hay que tomar una concepción positiva del error, por muy grave que pudiera representar y perjudicar, en que el error es una forma de aprendizaje. Y cuando hablamos de error hablamos también del fracaso, en cualesquiera de las facetas de la vida, como por ejemplo la vida sentimental. Y no es que haya que alegrarse de cometer un error, es que hay que sobreponerse y aprender la lección.

Otra cuestión es si estamos capacitados para aprender de los errores y los fracasos. Lo mismo que tenga una concepción positiva del error, también tengo una concepción negativa a este respecto: el ser humano es torpe para aprender de los errores. ¿Por qué? Pues porque su ego tiene dimensiones estratosféricas. Es un palo muy fuerte a las costillas del ego reconocer errores, admitirlos, afrontarlos e intentar aprender de ellos, para que no sucedan más y para que nos deje la lección de vida necesaria.

Nuestra sociedad tiene una cultura del éxito que no perdona el error, que discrimina y señala al “fracasado”, y a todo el conjunto de personas diferentes. Porque eso es otro tema, una cosa es errar y otra cosa es que te achaquen errores inexistentes. A veces lo que para la sociedad es un error, resulta que nunca lo fue. A veces, lo que creemos que es un error no lo es tanto si no mirásemos con lupa la opinión ajena y del grueso del colectivo. Un hombre puede estar en lo cierto y toda una población estar equivocada, aunque sea difícil de determinarlo fehacientemente. Todo puede suceder. De hecho, los errores colectivos están a la orden del día, si no que se lo digan a la Alemania Nazi o a la Inglaterra colonial, por poner ejemplos, o a los sistemas capitalistas consumistas de la actualidad, aunque sea mi mera opinión.

La palabra mágica en este tema es de nuevo, como en otras cuestiones: humildad. La humildad favorece el aprendizaje, minimiza la cantidad de errores, te posiciona en el mundo y resta severidad en todo. La humildad, normalmente, es más misericordiosa que severa, y con frecuencia está más en el equilibrio de ambas, en el pilar del medio. La humildad te enseña a no juzgar, a no condenar, en definitiva, te enseña a amar al prójimo y a uno mismo.

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Dar o no dar, that is the question.

Dar lo que no te sobra, que vas o puedes usar, que necesitas, es de gran santidad; dar lo que te sobra o no usarás o ha dejado de gustarte o interesarte, no es tan loable; pero no dar nada, ni lo que necesitas o no necesitas, es de gran iniquidad. La solidaridad, la generosidad, el compañerismo, la amistad, son reglas fundamentales que todos deberíamos aprender, desde el jardín de infancia.

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¿Y al guarda quién lo guarda?

Ahora nos rasgamos las vestiduras con las noticias, alarmantes, para qué negadlo, de el espionaje masivo de las agencias de inteligencia americanas, europeas, etc. Pero, ¡almas de cuajo y candidez!, ¿qué demonios esperabais de ellos? Pues claro que nos espían, y que nos graban, y que nos vigilan, y que lo saben todo de nosotros. Pero si alguno de vosotros ignorabais tales cosas es porque no se daba un garbeo por las redes sociales y foros de conspiración, donde cualquier locura mientras más loca, más posiblemente sea cierta. A los llamados “conspiranoicos” los tachamos y etiquetamos con ese mismo nombre de manera despectiva, como frikis que en todo ven conspiración y maquiavélicas historias. Pero por desgracia, dada su larga experiencia y dilatada imaginación, suelen dar en el clavo. También es cierto que esa misma obsesión los hace adentrarse en historias, mitos y leyendas sin pies ni cabeza, pero entre tanta burrada, enormes verdades… a veces pienso que las autoridades y mandamases se inspiran en las ideas de estos señores frikis (todo pudiera ser).

Ahí está el secreto de una buena investigación, en que todo puede ser, en que no podemos cerrarnos en banda a nada, todo debe ser colocado sobre el tapete y ser sopesado. Y yo, como auténtico friki de las conspiraciones, nunca descarto ningún disparate. Dicho esto, de que quiero dejar claro que ya se sabía la historia del espionaje masivo, digo también otra cosa: debemos defendernos de ello.

No sirve la idea que nos quieren vender de “libertad por seguridad o intimidad por paz”, es una auténtica patraña fascista, es un engaño horrible. Primero no es necesario vernos entre esas dicotomías, pues no es necesario elegir, ya que nuestros gobernantes, nosotros mismos, debemos buscar seguridad respetando siempre la libertad. Para ello, lo primero, es no vendernos la moto de que estamos siempre en peligro y que todo lo hacen por nuestro bien. si acaso, la población está en peligro por decisiones desastrosas de nuestros líderes. Ellos, los mandamases, hacen y deshacen a gusto, mientras se les hace pagar a todos los de abajo lo que ellos deciden en despachos, balnearios y ciertos hoteles. Segundo, ¿qué seguridad y contra quién? Contra enemigos creados de la nada o contra amigos convertidos en enemigos de la noche a la mañana o haciendo que gente normal y corriente saque la sombra oscura de su interior por culpa de las presiones internacionales, en suma, creando enemigos. ¿Qué quieren de nosotros? A parte de jodernos y alimentarse de nuestras congojas, lo que quieren es asustar al mundo, hacernos obedientes, crear un gobierno mundial único.

¿Y quién guarda al guarda? Nadie, el guarda hace a su merced. Así que, queridísimos amiguetes, espabilad, que esto no es nuevo, pero si peor que nunca.

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Entre lo de Ahora y lo Deseado.

Si las personas, los seres humanos, tuviesen una conciencia lo suficientemente despierta y capacitada, no les haría falta gobierno alguno. No es que fuese una anarquía, más bien es un gobierno sin gobierno, tipo asambleario, donde todos cuentan y donde cada voz es un voto y cada voto es una voz. El consenso sería el pan nuestro de cada día, pues se haría todo por el bien común, ya que en una mente despierta no habría hueco para el egoísmo. Las monarquías, los congresos, los senados, las repúblicas, los presidentes, los diputados, etc. habrían pasado a la historia.

Soy consciente que para eso suceda queda un largo trecho, pero también sé que entre lo deseado y lo de ahora hay mucho pasos que dar, algunos tan importantes que dejaría el estado actual de las cosas inmediatamente en el pasado. Quitar instituciones obsoletas y depurar más la democracia, son caminos intermedios para aquel logro. 

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El Último Tramo

Después de la A va la B y así sucesivamente, pero la Biblia, la Torá, la Cábala, etc. están ahí, entre el abecedario, sirven para ilustrar e iluminar el camino, como muchas otras ciencias, esotéricas y exotéricas, como muchas culturas y enseñanzas, secretas y no tan secretas; iluminar un camino que a veces puede ser más oscuridad que luz si no se sabe identificar y se te frena en la evolución. Voy a revelarte el último tramo, te voy a revelar la Z, y espero que seas capaz de entenderme, así como deseo ser capaz de explicarme.
Olvídate de todo, de todas las religiones, de todos los santos, de todos los profetas, de todas las enseñanzas, de todos los Cristos, Budas y Mahomas, de todos los libros sagrados, de hasta el mismo Dios. Vacíate por completo de juicios, quédate totalmente vacía de palabras y pensamientos. Cuando consigas esto siente la esencia más allá de tu interior, en lo más hondo de ti, en lo más profundo de ti. Tú estás hecha de esa esencia, tu conciencia está ahí, no hay un tú o un yo, un vosotros y nosotros, un Dios y un creyente, todos somos Uno, todos. Siente esa sensación de pavorosa soledad y a la vez de clamorosa integración. Todo está en ti. No busques más, no llames más, no pidas más, está en ti. Este es el secreto del Yo Soy, esta es la Z, la última revelación. Ahora que lo sabes, aprehendelo, hazlo tuyo, y mira a Dios cara a cara, te llevarás una sorpresa.

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