El Yo Esencial

Siempre hemos interpretado, juzgado, al ser humano como el compendio de dos partes: cuerpo y alma. Esa concepción ha tenido su valor, mérito y conveniencia hasta que hemos dilucidado que todo es lo mismo.

El cuerpo y el alma son dos partes que en realidad forma parte de una misma cosa, distintos tipos de energía vibrando a distinto ritmo. El ser humano, ese Yo Esencial, el Self, es un ser multidimensional. El cuerpo carnoso, su mente, sus sentimientos, su espíritu, no son más que parte de sí mismo a distinto niveles, que están en él o más bien que son él. Ese Yo Esencial en realidad supera a su yo transitorio, a su yo consciente, es más que sí mismo, por decirlo de un modo. Así que yo soy yo más otros yoes que no percibo, comprendo, que no soy consciente. No es solo esa parte consciente que identificamos con nuestras máscaras cotidianas, no ese yo en duermevela que percibimos a veces, ni siquiera es yo profundo del inconsciente que hasta compartimos con otros; hay un Yo Esencial que dispone de mas yoes conscientes que uno solo, de más inconscientes. Probablemente todos esos yoes conscientes y separados por muros de inconsciencias, que hace que no podamos identificarnos en el otro, están unidos o enlazados en un inconsciente aún más profundo. Un consciente colectivo puede estar lleno de otros yoes que soy yo y otros que no soy yo, y viajando a las profundidades abisales percibir que todos son un Yo Divino.

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Los toros y la comida

El ser humano come carne y esa carne sale de seres vivos que para estar en la mesa deben morir. Dada la cantidad ingente de personas que vive en el planeta, el recurso cárnico se ha industrializado, lo que significa, que además de matar a seres vivos para comer la calidad de la carne ha bajado mucho. Más o menos los animales sufren estrés, dependiendo del país y del matadero incluso torturas, pero en su mayoría la muerte es rápida, por lo menos quiero pensar en que es así.

Esto no va ser un debate de vegetarianos o carnívoros, voy por otro sitio. Al respecto de esto creo que todos deben obrar en conciencia y comer lo que desee o pueda. Por supuesto que lo ideal es no comer ningún animal, sería señal de evolución espiritual; por otro lado nuestros dientes están diseñados para ser omnívoros, por lo que nuestro cuerpo acepta la carne y los vegetales de igual modo.

Esto va sobre las corridas de toros y fiestas taurinas. ¿Qué necesidad hay de torturar un animal? Entiendo que alguien tenga hambre y le dé caza a un toro o a un ciervo o un gato, da igual, el hambre y la supervivencia justifica con creces ese tipo de muertes. Lo que no entiendo es que alguien disfrute torturando un animal hasta la muerte, por tradición, porque siempre se haya hecho así, porque haya mucha gente que come de las fiestas, etc. Mucha gente vivía del circo romano y de la luchas de gladiadores, así que eso no justifica la lidia. Tampoco se justifica por la tradición, pues las tradiciones cambian, se adaptan a los tiempos o desaparecen o crean nuevas; también es tradición quitarle el clítoris a las niñas en ciertas culturas y no por ser tradición deja de ser aberrante. Otro argumento es que el toro desaparecería por siempre, la extinción, cosa con la que no estoy de acuerdo, pues siempre se le puede dar otro uso al toro. Estoy seguro que se criarían como los cerdos de bellota y ser vendería para carne, aunque si fuera verdad no nos da derecho decidir que especie sigue o no sigue, es como poner una condición a una especie para sobrevivir. Hay que imaginarse otra especie, un adorable y tierno cachorrito de dálmata al que hay que torturar y matar con un cuchillo, pero como no se le haga eso se extingue para siempre y claro, no queremos que los dálmatas se extingan, por eso hay que seguir con la tradición.

¿Qué belleza hay en la lidia? La que se quiera ver, pues hemos hecho estética de cualquier motivo. Conozco tractoristas que ven belleza en los surcos que deja con el arado, y eso ocurre porque quieren ver belleza, no porque la tenga.

Matamos animales, sí, pero ¿es necesario hacerles sufrir tanto, martirizarlos tanto? No me imagino a un carnicero haciendo lo mismo con un cordero o con una vaca, no me imagino clavándole banderillas en el lomo al cordero y una pica después, además de marearlo, cabrearlo, estresarlo, para al final clavarle un cuchillo en el lomo, para que llegue al corazón, fallando multitud de veces, para al final rematarlo. Un tiro en la cabeza o cortarles el cuello es más compasivo, dentro de la brutalidad de cualquier muerte.

Es cierto que debemos mejorar nuestros hábitos alimenticios, y es cierto que nuestros hábitos van con nuestra evolución; pero lo del toreo, así como otras fiestas de pueblos en las que se tortura animales, son incomprensibles ya.

Eso sí, todo es un fiel reflejo de la sociedad, de lo que cada uno de nosotros lleva en su interior. No nos escandalizamos con la violencia, de hecho la gente le encanta el morbo de la misma. Llevamos en nuestro interior esa furia asesina, del depredador, y fiestas como estas son proyecciones de nuestro interior. Si estuviéramos evolucionados no haría falta prohibir nada, desaparecería por sí sola las barbaridades. Plazas de toros vacías, fiestas de toros sin gente, vídeos violentos sin visitas ni visionados, políticos decentes y honrados… será cuando todos queramos que sea y eso será cuando todos estemos evolucionados y nuestra violencia interior, nuestra maldad, estén bien reconducidas.

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La mente en medicina y terapias alternativa

Llevo muchos años dispensando medicamentos, la pura y dura ciencia hecha pastilla, jarabe o inyectable, y tengo la certeza que funcionar funcionan, otra cosa es que te cure de algo y te mate de otro, otra cosa es la mafia de la industria farmacéutica, pero si tomas un paracetamol lo más seguro es que te baje la fiebre y te alivie el dolor. Pero también me consta, pese a la segura eficacia de muchos medicamentos, que el coco del paciente, sus creencias, sus ideas, su mente, afectan a esa eficacia terapéutica, tanto para bien como para mal, con el famoso efecto placebo y nocebo. No es que tenga un estudio serio ni estadísticas, ni mucho menos, es la mera observación año tras año. Hay medicamentos que pienses lo que pienses poco puedes hacer para alterar su eficacia, si te pinchas morfina, te quedas KO; pero hay otros en el que la mente puede hacer de las suyas, porque su impacto químico en el cuerpo no es tan bestia o por lo menos no tan radical, así que me he encontrado gente que se tomaba un antibiótico para dormir, pues creía que era un somnífero, y resulta que le hacía efecto, dormía. He visto gente que al cambiar la caja de color, siendo el medicamento el mismo, pensaba que le haría menos y voila, le hacía menos efecto. También he visto gente que repetía el medicamento y como pensaba que eran distinto no tenía sobredosis, y al contrario, que no tomaba medicamento (en los polimedicados puede suceder estas cosas) pensando que lo tomaba y la tensión la tenía bien. Lo que quiero decir con esto es que si con la química más pura y dura la mente hace de las suyas, ¿qué se puede esperar de las terapias alternativas?

Si tomas algo o haces un ritual o te hacen un exorcismo o un hechizo, donde la química es casi inexistente o simplemente no está, claro que pueden ser efectivas, muy efectivas, o nada efectivas. Pienso que todo depende de las creencias del paciente, de su capacidad mental, de su fuerza de voluntad. Eso significaría, para mi, que la inmensa mayoría de las terapias alternativas, con química o no, deben contar con el efecto placebo o nocebo del paciente. No digo que esas terapias sean inútiles o meros fraudes, pues tendría que decir lo mismo de los medicamentos de la farmacia. Ni unos ni otros son en sí fraudes, que los hay y muchos en todas partes, sino que la eficacia de los tratamientos radica en parte, en más o menos grado, en la mente del paciente.

Necesitaría un libro para explicarme mejor, así que, ya que no tengo tiempo de escribirlo, lo diré en pocas líneas.

Si te tomas un medicamento para bajar la fiebre, necesitas menos injerencia de tu mente para que la fiebre baje. Si tienes injerencia positiva bajará más rápido, si tienes injerencia negativa más lento, incluso si es mucha, ni bajará (esto también va a depender del poder del medicamento).

Si te tomas, por ejemplo, una sal de Schussler para bajar la fiebre, al ser su química menos invasiva o fuerte, necesitarás mucha más injerencia mental. Si no tienes injerencia, prácticamente no te hará efecto, si tienes injerencia negativa te pondrás hasta peor, si tienes positiva te bajará unos grados, si es muy fuerte te pondrá la temperatura bien.

Todo dependerá del tipo de persona, normalmente el que toma una sal, siguiendo con el ejemplo, pensará que es más sano, que es efectiva, y le hará efecto; este mismo paciente piensa que el paracetamol es dañino, y si se lo toma le entrará dolor de estómago, nauseas y la fiebre no le bajará o casi no le bajará.

La ventaja de las terapias y tratamientos alternativos, descontando la mala fe y el fraude descarado, es que es menos invasiva, suele tratar al paciente en varios aspectos a la vez y en diversos campos, tales como las emociones, el cuerpo, la mente, y el efecto placebo es más fácil y fuerte. Su desventaja radica en la fe o predisposición negativa del paciente.

La ventaja de las terapias alopáticas y sus tratamientos es que necesitan menos de la injerencia mental, pero que se puede volver una desventaja si el paciente tiene injerencia negativa. Es ventaja que son más directas, rápidas. Es desventaja que tiene muchos efectos secundarios, interacciones, efectos adversos.

A mi juicio, lo ideal sería poder asociar las terapias tradicionales con las alternativas y tomar lo mejor de cada para ayudar al paciente. La medicina tradicional occidental debe aprender a tomar con seriedad la mente del paciente como una parte indispensable de la sanación, y debe comprender que las emociones afectan al tratamiento y en muchos casos son la raíz del problema, y por lo tanto, mente y emociones son importantes en la medicina o debiera serlo. Las terapias alternativas también debieran mirarse menos al ombligo y aceptar la eficiencia, eficacia y efectividad de la medicina tradicional, pues son muchos siglos de investigación, centrados en el cuerpo, y por lo tanto saben mucho del mismo. Un buen terapeuta alternativo nunca debiera quitarle al paciente sus visita al médico ni retirarle su tratamiento, lo ideal sería que ambos terapeutas hablasen, pero esto es muy difícil, ya que el médico suele ser arrogante o ignorante ante lo alternativo, y el terapeuta suele ver conspiraciones y mala praxis en todo. En un mundo ideal, el médico de cabecera y el maestro reiki o el biodescodificador o el homeópata hablarían. Aunque, en un mundo ideal el paciente se curaría solo a conocer los resortes que mueven su mente y qué hacer para interferir en una cosa u otra.

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Para terminar: creo en energías sutiles que son las que la mente manipula o transmuta para que actúe en el organismo, creo que esas energías se manejan mejor a través de las emociones y los pensamientos, pero que hay muchos que se manipulan rápidamente a través de la química del cuerpo. Creo que en esencia las enfermedades provienen de los sentimientos, emociones, pensamientos, y que estos se manifiestan en el cuerpo, y que si bien son efectivos los medicamentos que tratan el cuerpo, debiera ser acompañado con una terapia que tratase la mente, las emociones del sujeto.

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Me gusta la poesía

Me gusta la poesía. No es que me lleve todo el día leyendo poemas, ni que me vaya a dormir con Machado y me despierte con Góngora, es más bien una afición sin fanatismos, como ser religioso cuando conviene o estás necesitado. Yo sólo rezo cuando estoy desesperado; otra cosa es el concepto místico de la oración, cosa esta que probablemente practique a todas horas, pero lo que se dice decir letanías… bueno, cuando estoy muy mal, lo lanzo casi como un hechizo. Con la poesía es lo mismo, pues aunque considere que la poesía está en todo, es como el éter de los sabios, solamente recurro al poema cuando quiero decir mucho en poco y de la mejor manera posible.

Más que lector de poemas soy constructor de los mismos, no podría decir el nombre de un autor de poesía contemporáneo, de hoy, vamos, de la Generación del 27 hacia atrás sí podría nombrar algunos. Me gusta componer, casi siempre poemas libres, no sujetos a métrica y casi ni rima, pero con musicalidad siempre. Pienso que los libros de poesía, y bueno, todos los libros, novelas y ensayos también, debieran ir con música de fondo, o con recomendaciones tipo: “Para leer este poema escuche de fondo la Lacrimosa Dies Illa del Requiem de Mozart”. También compongo con métrica e intento ser original, lo último fue dos estrofas de seis versos con las tres primeras endecasílabas y las tres segundas eneasílabas. Pero pensar en sílabas es un coñazo sino se hace con pasmosa facilidad, ya que, al menos me pasa a mí, cuando compongo lo hago con inspiración, como si explotase dentro de mí algo y no pudiese parar, así que no voy a decir a mi alma: “espera, que no sé si llevo ocho o siete sílabas, y no me acuerdo si tengo que restar o sumar uno a las agudas, ah, y quizás esta rima no deba ser consonántica, ¿y qué hago con el hiato?”.

La poesía es algo grande, muy grande, y se suele transmitir en poemas, pero la mayoría de las veces va con latidos, con visiones, con la misma vida.

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Violencia…

Violencia

No se puede justificar la violencia. Entenderla sí, comprenderla sí, estudiarla sí, pero no justificarla.

La violencia en sí no es ni buena ni mala, son como las piedras o los cuchillos o el dinero, que depende lo que se haga con ellos.

Hay muchos tipos de violencia, algunas son duras, sangrientas, otras silenciosas y apoyadas por leyes y comunidades enteras.

El mayor valor del ser humano es la vida y su derecho a vivir con dignidad.

Al final, lo que realmente cuenta, es la libertad de cada uno y en que esa libertad no coarte la de los demás.

No se debe confundir el mal gusto con la apología, ni la estupidez con la incitación.

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Soy

Soy: lo que ya no soy y lo que aún no soy. Soy el que es y el que no es.

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Errar es de humanos…

El ser humano tiene una gran incapacidad para reconocer sus propios errores, y sin embargo, le cuesta muy poco trabajo ver los errores ajenos: criticarlos, usarlos a su favor e incluso alegrarse. Pero “errar es de humanos”, tan de humanos que lo hacemos a diario y todos, en mayor o menor medida, más conscientes o menos, inconscientemente muchos diría.

Hay una concepción muy equivocada sobre el error, se piensa que es fruto de la ignorancia, de la dejadez, de la falta de instrucción, etc. y hasta cierto punto es así. Yo pienso como Edison, “no fracasé, sólo descubrí 999 maneras de como no hacer una bombilla”. Es decir, hay que tomar una concepción positiva del error, por muy grave que pudiera representar y perjudicar, en que el error es una forma de aprendizaje. Y cuando hablamos de error hablamos también del fracaso, en cualesquiera de las facetas de la vida, como por ejemplo la vida sentimental. Y no es que haya que alegrarse de cometer un error, es que hay que sobreponerse y aprender la lección.

Otra cuestión es si estamos capacitados para aprender de los errores y los fracasos. Lo mismo que tenga una concepción positiva del error, también tengo una concepción negativa a este respecto: el ser humano es torpe para aprender de los errores. ¿Por qué? Pues porque su ego tiene dimensiones estratosféricas. Es un palo muy fuerte a las costillas del ego reconocer errores, admitirlos, afrontarlos e intentar aprender de ellos, para que no sucedan más y para que nos deje la lección de vida necesaria.

Nuestra sociedad tiene una cultura del éxito que no perdona el error, que discrimina y señala al “fracasado”, y a todo el conjunto de personas diferentes. Porque eso es otro tema, una cosa es errar y otra cosa es que te achaquen errores inexistentes. A veces lo que para la sociedad es un error, resulta que nunca lo fue. A veces, lo que creemos que es un error no lo es tanto si no mirásemos con lupa la opinión ajena y del grueso del colectivo. Un hombre puede estar en lo cierto y toda una población estar equivocada, aunque sea difícil de determinarlo fehacientemente. Todo puede suceder. De hecho, los errores colectivos están a la orden del día, si no que se lo digan a la Alemania Nazi o a la Inglaterra colonial, por poner ejemplos, o a los sistemas capitalistas consumistas de la actualidad, aunque sea mi mera opinión.

La palabra mágica en este tema es de nuevo, como en otras cuestiones: humildad. La humildad favorece el aprendizaje, minimiza la cantidad de errores, te posiciona en el mundo y resta severidad en todo. La humildad, normalmente, es más misericordiosa que severa, y con frecuencia está más en el equilibrio de ambas, en el pilar del medio. La humildad te enseña a no juzgar, a no condenar, en definitiva, te enseña a amar al prójimo y a uno mismo.

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