Bondad y maldad

¿Hasta que punto está la bondad en nosotros? ¿Somos capaces de desterrarla por completo de nuestro ser? ¿Permanece la bondad en el rescoldo de nuestros corazones? Lo evidente es que hay gente bondadosa y gente con maldad, siendo muy común que se sea bondadoso con ciertas personas y malvados con otras, como el que es bondadoso con su vecino, pero malvado con los emigrantes, por ejemplo, o el que es bondadoso con sus hermanos y malvado con sus cuñados. Cada vez más pienso, al menos participo de este pensamiento, que todos tenemos parte y parte, que somos una especie de balanza que cargamos por un lado más que por otro. La experiencia, y tal vez mi cabeza loca, me ha hecho creer que somos yin y yang, negativo y positivo, buenos y malos, que hasta incluso que es finalmente positivo tener esa dicotomía en el alma. Una cosa no puede estar sin la otra, lo negro no puede estar sin lo blanco, lo femenino sin lo masculino, lo mojado sin lo seco, la cruz sin la cara.

 

Pero hay gente realmente malvada, que esa dicotomía o balanza se vuelcan siempre para “el lado oscuro de la fuerza” y no para el lado luminoso. Cuando uno piensa en Stalin, Hitler, Franco, Pinochet, Sadam Huseim, Bush, etc. no puedo uno más que pensar en que son seres malvados, aunque estos hayan amado a sus mujeres, a sus hijos, o tengan alma de poeta, o les guste la música de Wagner.

 Creo en la bondad, en el amor, en su poder, en las personas buenas, pero también creo en la maldad que cada cual puede llegar a manejar, en la que tienen enquistada.

 Cuando miro a un ser horrible, casi pura maldad, de negro corazón, peores que demonios, pienso que esa persona fue en un momento de su vida, quizás en breves momentos de su vida, un ser bondadoso, inocente, un niño. ¿En que momento se torcieron? ¿Quién o qué fue el responsable de su cambio? ¿Quién o qué abonaron esa semilla de maldad? Sí, en algún momento, aquel que lanzó un misil sobre una población, aquel que dejó un paquete explosivo en un mercado, aquel que asesinó a cientos y miles, aquel que ejecutó a su familia, aquel que perdió la dignidad, la vergüenza, el amor, por causas alabadas por la violencia y la maldad, aquel fue en un momento, tal vez en un breve momento, un ser lleno de luz, de inocencia, de resplandor, de bondad, un niño.

Deberíamos preguntarnos en qué hemos fallado todos, porque al fin y al cabo todos somos parte responsables, aunque solo unos pocos sean culpables.

 

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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