Reflexiones Cabalísticas XVI

La impronta que se le queda a uno ante la majestuosidad o magnanimidad, que adjetivos me falta, al ver el vasto y ancho infinito que hay más allá de la mirada, el amplio y vasto infinito que hay detrás, que uno, yo, no puedo más que fascinarme y agachar mi cabeza con humildad. Es la impronta del sabio ignorante, aquel que es lo suficientemente sabio como para reconocerse ignorante, y paradójicamente, en sí misma, esta afirmación conlleva sabiduría.

Se abre la brecha de los misterios, uno tras otro, basta conque se resuelva uno para que se abra otro mayor; al final, hipotético final, no se sabe si se conoce más o menos que cuando se empezó. En este camino, deambular y noctambular de la vida y el conocimiento, al principio estás ignorante, sin apreciar de veraz la propia necedad, luego atisbas tu propia ignorancia, luego la vences, luego comienzas a escalar peldaños de conocimiento, adquiriendo seso y sabiduría, el camino es tan largo, tan duro, tan lleno de espinas entre rosas, que conforme subes los peldaños, te das cuenta de las limitaciones, de la ignorancia. El resultado de todo esto es que al principio no se es consciente de la ignorancia y al final, hipotético final, si lo eres: esa es la sabiduría del ignorante o más bien la ignorancia del sabio.

Cuando era pequeño veía el mundo con otros ojos, ahora lo veo con otros, pienso que mis ojos de antes sabían mirar mejor que los de ahora; porque aquella mirada se expandía, ahora, tal vez se cierra, quizás es la edad, pero es así. Un consejo me atrevo a dar: preguntarle a los niños, a los pequeños, qué es lo que debéis hacer, preguntarle por todos los misterios, ellos lo saben. Yo, con humildad, con la misma que miro al universo, a ese universo que el Creador me ha hecho partícipe, miro a mis hijos, que son niños, y me postra ante ellos con gratitud y admiración, ellos son mis maestros.

Es la humildad y no otra virtud la que abre puertas:

“¡Cuándo os desnudéis sin avergonzaros, os quitéis vuestras ropas y la depositéis a vuestros pies a la manera de los niños pequeños, pisoteándolas! Entonces os convertiréis en los hijos de Aquel que vive, y ya no tendréis temor.” (Ver. 42, Evangelio según Tomás)Creedme, esas ropas, una vez pisoteadas y alejadas sin más de nuestro ser, que en definitiva es adquirir humildad, nos abrirá las ansiadas puertas.

 

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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