¿Por qué? (Divagación)

¿Por qué creó Dios el mundo? Es lo que me pregunto muchas veces, no el para qué ni el cuando, sino el por qué. Dios no necesitaría crear nada para sentir algo en especial, no necesitaría criaturas que lo alabasen, ni esclavos, ni sentirse realizado, ni siquiera entendería que crease a lo loco, sin motivos, tuvo que tener un motivo, pero ignoro cual. Pienso que pudiera ser que no tuviese motivos, que no tuviese intención de crear o crearnos, que fue una consecuencia automática de Sí mismo. Como si la naturaleza de Dios fuese la de expandirse y multiplicarse, crear en definitiva. Pero si esto es así, y somos una prolongación del Creador, ¿por qué somos tan imperfectos? Tal vez cuando Dios vio que fuimos creados de Sí mismo, tomó riendas, y nos dio un “para qué”.
Pensar en estas cuestiones es de locura, muchos pensadores no recomienda estos pensamientos, pero hasta esos pensadores han buscado razones, mecánicas y motivos en el antes del antes.
El mal no existe como tal, su definición es ausencia del bien: el odio es ausencia del amor, el egoísmo es ausencia de la generosidad, la pobreza es ausencia de la riqueza, la enfermedad es ausencia de la salud, etc. Si Dios es el sumo bien, el mal es ausencia de ese bien, ausencia de Dios. ¿Puede Dios ausentarse en Sí mismo? Es como una especie de esquizofrenia divina. Es quizás cuando creo el “para qué” cuando ideo métodos y mecánicas para su Creación.
He leído muchas veces, en muchos autores, que el objetivo del ser humano es ser como Dios, despertar y convertirse en divinidad. Pero esta afirmación, que pese a todo creo, es difícil de sopesar, teniendo en cuenta la trayectoria de la humanidad. Este propósito está soterrado en infinidad de dificultosas señales, poco entendibles por la mayoría de los seres vivientes.
Me es algo más fácil dilucidar los “para qué” una vez que entiendo que existimos, pero el “por qué” se me escapa.
La cábala da respuestas a mis preguntas, las cuales no me parecen extrañas, aunque también mi vecino podría darme respuestas, aunque las de éste no me convenzan mucho. La cuestión está en casar la multitud de filosofías a lo largo de la historia que transcurren por los mismos baldíos; puesto que cábala, física cuántica, astrología, hermetismo, matemáticas, religiones, etc. dan una interpretación de todos los fenómenos que ignoramos, todas se solapan, se entremezclan, encajan, aunque al final la incógnita esté en las formas del lenguaje y su comunicación, más que en los fenómenos misteriosos en sí.
No creo en una Creación adrede y fortuita con un propósito exacto, más bien creo en una Creación como un acto natural de Dios, como una prolongación de su forma de ser, de su naturaleza divina. Eso conlleva a pensar en la posibilidad de que Dios siga creando: otros universos, otros mundos, otras humanidades.
Los herméticos dicen que Dios es mente, y puede ser que este axioma se acerque a la realidad. Es naturaleza de una mente pensar, idear, crear, a veces sin intenciones previas, como parte de un desvarío o sueño. Dada la perfección de Dios, no necesitaría una intencionalidad, una premisa creativa; por lo que pienso que Dios crea con suma bondad, pero sin propósito.
El propósito viene después, es puesto en la creación. Dios observa su creación y ve que tiene posibilidades, por lo que a esa virginidad inicial, le hace tener una meta. Se diría a Sí mismo: “Tiene mi esencia, pero no es como yo, es mi naturaleza pero no es como yo” Como un hijo que tiene nuestra sangre pero no es como yo.
Aquí es cuando viene la necesidad del mal, de la ausencia de Dios. Para que un átomo se mueva necesita ser repelido, no sólo atraído. El movimiento hace que avancemos, que no sólo tengamos la esencia sino además que seamos como Dios. Para avanzar hay que dudar, que es la ausencia de la seguridad, para avanzar hay que luchar que es la ausencia de la paz, la inquietud es la ausencia de la tranquilidad… Dios es paz, tranquilidad, seguridad, en ausencia de Dios nos movemos, en ausencia de Dios necesitamos, porque Dios nos hace no sentir necesidad, cuando no está Dios necesitamos, nos hace buscar cubrir la necesidad, éste es el sentido del mal. Es como cuando hice creer a mis hijos que iban solos a la casa de la abuela, les retiré mi presencia, pero les seguía y los vigilaba, y ellos no supieron que nunca los abandoné, y aprendieron a ir y a venir, a sentirse fuertes por ellos mismo, a sentirse capacitados, avanzaron y evolucionaron por mi ausencia, aunque jamás estuve ausente, éste es el sentido de la ausencia de Dios.
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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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