Trabajador Esclavo o Esclavo Asalariado

 

Siempre, a lo largo de la historia, el esclavo era aquel que servía a un señor porque le pertenecía, a cambio, el amo le daba de comer, cobijo y protección, quién sabe si alguna que otra gratificación. Como todo bien u objeto poseído, era proclive a comercializar con él, dependiendo de la valía del mismo para ejecutar determinadas labores. El nuevo dueño repetía los mismos canones que el anterior. Este tipo de esclavitud, salvo el de la trata de blancas, etc. ha desaparecido; pero en su lugar hay otro, y a mi juicio, tan temible.
 
La mayoría de nosotros, de todos ustedes, tenemos amos a los que servimos, aunque a veces cambiamos la cara o el nombre a los dueños, pero al final, siempre, estamos sirviendo a alguno o algunos. Los amos del mundo son nuestros amos. Ellos nos pagan y a la vez nos roban para que sigamos fieles. El dios dinero manda, nuestros amos lo adoran y nosotros somos esclavos de ellos. Y todo lo consiguen porque nos han hecho caer en una trampa diabólica, de la que se tiene dificil salida, tan dificil como cruzar el Misissipi y que no te capturen.
 
¿Cuál es la trampa? La trampa del consumismo, de la asociación de ideas Felicidad=Más Bienes. Nos lo creemos y además hacemos apología de tan inmensa falacia. Trabajamos mucho, sacrificando vida familiar, rompiendo con ello vínculos absolutamente necesarios para nuestra evolución espiritual y sentimental. El trabajo nos aporta un salario, bajo, pero bajo para nuestras perspectivas. Los productos de necesidad son caros, y cada vez más, los que son totalmente prescindibles son baratos, cada vez más. Como la publicidad, la televisión, no hace necesitar cosas innecesarias, gastamos parte de nuestro esfuerzo y trabajo en cosas superfluas, y como de lo necesario no podemos prescindir, al final tenemos más gastos que ingresos, creándose deuda. La deuda no sólo se produce por la adquisición de productos, también por la adquisición de servicios, que muchos de ellos, su inmensa mayoría, son inutiles. La deuda genera intereses, por lo cual el gasto se dispara más, lo que genera más deuda. Al final vemos que no damos abasto, por lo que otros miembros de la familia se ven abocados a trabajar. El trabajo de hombre y mujer, u otros miembros, hace que la familia quede en punto muerto, sin relación afectiva y efectiva, dándose grandes dramas familiares, por la desantención.
 
El trabajo ocupa nuestro tiempo, el entretenimiento ocupa el resto, así que la trampa también es mantenernos ocupados y entretenidos, para que no podamos pensar con libertad y tranquilidad.
 
Si en algún momento creemos que podemos saldar nuestra deuda, al final de la misma, como estamos convencidos de que debemos “mejorar” nos volvemos a “entrampar”, que es como llaman en mi pueblo al tener deudas: “tengo una trampa del piso..”, comentario habitual de deuda.
 
¿Cómo llegamos a tales puntos? Fácil. Queremos tener, confundimos ser con tener. Una casa es cara, un auto es caro, una segunda vivienda es cara, unas vacaciones son caras, un colegio bueno es caro, una fiesta es cara, una boda es cara, una ristra de electrodomésticos son caros, unos muebles son caros, etc. Queremos tener, y la publicidad nos dice que si no lo tenemos no somos nadie, unos parias. “¿No tienes la Wii o el Plasma de 42 pulgadas? Eres un desgraciado”. La publicidad nos vende lo que necesitamos, lo que necesitamos no necesita publicidad, o al menos poca, la publicidad crea una demanda, nos hace sentir que necesitamos, que añoramos lo que nos ofrecen, por muy inutil que sea. La industria del entretenimiento hace el resto. Al final estamos trabajando siempre, aborregados siempre. Esclavos del sistema, del consumismo salvaje y pasional.
 
Nosotros somos la base donde se sustenta la vileza de nuestros amos, la base de su poder y riqueza, y ellos lo saben, pero quieren que vivamos en la trampa, que no salgamos de ellla. La trampa nos destruye como personas, destruye las familias, las divide, y mata todas nuestras esperanzas de futuro, de un futuro en libertad, confundiendo libertad con posesión no vemos desenado un mañana en que tengamos más de lo mismo.
 
Pero hay salida, de nosotros depende.
 
Somos esclavos que creemos ser libres dentro de una democracia. No hay tal cosa, ni libertad, ni democracia.
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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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