Mi padre muerto

En este blog no suelo escribir asuntos personales, parcelas de mi vida privada… Hoy haré una salvedad.

Mi padre murió hace poco, unos meses, en el 2007; muerte de la que me enteré tiempo después, sólo teniendo tiempo para ver su lápida en el cementerio, ya que no lo ví enfermar, ni morir, ni su entierro. Compré unas flores de plástico, con la idea de que durase algo, y las coloqué en un jarrón donde escribí un breve mensaje. Sé que en el mundo hay muchas desgracias, que no tienen punto de comparación con cualquier pena que describa propia, no obstante, sentí un profundo y terrible vacío… lo extraño es que la persona, el yacente, que me provocaba esas emociones, aún siendo mi padre, no lo quería. El trato lo es todo, sin trato el amor muere o ni nace, y yo con mi padre no tuve trato. El destrozo que provocó en mi corazón fue la idea del padre, no el padre en sí mismo. Hoy he visto una foto reciente de él, me parezco mucho a él, y pensé: “este hombre existía, tenía vida, un ser, era mi padre, no solamente una idea”. Es horrible pensar y volver a recordar los sentimientos que me producen tan intrincadas paradojas del alma, tan relío de pensamientos y emociones. Mi cerebro sabe que aquel hombre no merecía mi amor, ni la más mínima lágrima, ni el más sutil recuerdo, pero mi corazón no entiende lo que dice mi cerebro, y derrama esas lágrimas, de pena, por él y por mí, quizás más por mí.

Mi padre fue un borracho, hoy en día sería calificado de alcoholico y machista. La violencia con que viví mi infancia me han dejado marcado de por vida: peleas, insultos, gritos, etc. hasta que un día decidió irse. Mi madre crió a cuatro niños sola. Mi padre, aunque se sabía por donde andaba, jamás nos ayudó. De esto hace muchos años, yo tengo 36 años, y mis propios hijos. Se comprende que el aprecio que le tuviera fuese escaso. Muchos años me he preguntado: ¿por qué no me quiere mi padre? Y nunca he podido contestarme con argumentos el motivo. Supongo que el alcohol no le dejaba pensar y que ya después pensó que era demasiado tarde. Mucho antes de morir se puso en contacto con nosotros, mis hermanos y yo, pero con la clara intención egoísta de que nosotros cuidásemos de él, pués desde la muerte de su madre, un año atrás, no tenía quien lo cuidase. Esto último es digno de lástima, de dolor también. Pensé en esos momentos que este señor que siempre pensé que fue mi padre, tenía solamente de padre el adn, porque su corazón sólo sentía pena por sí mismo, prueba de ello fue que cuando la soledad le invadió se acordó de que tenía unos hijos.

Hoy, cuando me invade el recuerdo, siento pena por él, también por mí mismo. Por eso le digo estas palabras: “Padre, papá, o como quiera que se diga esta palabra, te perdono, de corazón, sin remordimientos, pero no puedo evitar sentirme triste, en momentos desolado, por la terrible faena que me hiciste en vida y también con tu muerte. Quiero, te ruego, que también me perdones, por no haber sabido estar en momentos críticos para tí, por no haber estado siquiera, espero que comprendas que necesitaba tiempo para poner en claro mis ideas después de tantos años; aunque el tiempo fuese limitado. Ahora te digo adios, deseándote encuentres la paz, el sosiego de un más allá de luz.”

¿Qué enseñanza se saca de esta experiencia? Para mí, hombre marcado, me enseña que el amor es lo primero, que el perdón siempre debe existir y ser rápido, que debemos ser comprensivos, que aunque no podemos justificar las acciones de otros debemos conocer y comprender porque las hace, que las etapas deben terminar cerrándose bien y definitivamente. Yo con mi padre no he cerrado nada, pasar los últimos días con él y llevarlo yo mismo a su tumba hubieran servido, pero no fue así.

La vida es así, ¡qué se le va hacer!

PD: Yo por mis hijos hubiera ido al infierno mismo, daría mi vida, mi alma, mi existencia y una eternidad de torturas. (20 kilometros no eran nada)

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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