Un mundo mejor

No sé qué futuro tendrán nuestros hijos, los que apenas asoman sus cabecitas al mundo, pero intuyo que no será nada halgüeño, juraría que será terrible, porque ya, nosotros, sus progenitores vivimos en un mundo así. Un mundo creado por nosotros y para nosotros, con la intención de hacernos sufrir los unos a los otros, con la intención de hacernos llorar los unos a los otros. Lejos quedó el mandamiento del Cristo: “amaos los unos a los otros” Lejos quedó cualquier mandamiento o consejo de cualquier profeta, avatar o ser humano que nos inviitaba a amarnos los unos a los otros. Comprendo la dificultad de este mandamiento, porque no somos capaces de amarnos a nosotros mismos. Sentimos miedos, temores, fustraciones, estamos llenos de sombras, de dolor, de angustia, de odio, y es como una costra que no podemos quitarnos, porque no damos con la lejía precisa. El amor no lo quita, el amor es el resultado de no tenerla, porque libres de suciedad brilla el amor enterrado. Cierto que el amor puede derribar todo lo malo; pero por mucho que nos amen, si no somos capaces de amarnos a nosotros mismos nada podrán, nada podremos. ¿Cómo amarnos a nosotros mismos? ¿Cómo derretir tan terrible escarcha? Con humildad en primer lugar, en segundo lugar con humildad. La humildad hará que desde dentro haga efecto lo que desde afuera viene y afuera lo que de dentro viene; hará que el amor del prójimo nos impacte con dulzura y a la vez con efectividad, hará que el amor de Dios haga su efecto.

Sin la humildad de los padres los hijos aprenderan a vestirse con una armadura que nos le dejará amar y ser amados, nuestros hijos confudiran el deseo, el vicio, la necesidad, el placer, con el amor. No verán que el amor es la energía que “mueve el Sol y las altas estrellas”, no verán que el amor va más allá del sentimiento o del pensamiento, no verán la verdadera importancia de la vida, de la virtud. Nuestros hijos, así como nosotros y nuestro padres, serán seres egoístas, llenos de odio, de rencor, de agresividad, de ignorancia. El mundo se cambia con humildad, con la humildad del que se siente hijo de la Tierra y no dueño de la misma, con la humildad del que siente que debe hacer por los demás, no que los demás hagan por él, la humildad del que piensa que la vida es un don y la generosidad una obligación. El mundo se cambia con amor, con el amor verdadero, y este se consigue y se propaga con un espíritu humilde.

No sé exactamente que mundo le voy a dejar a mis hijos, al menos espero que mis hijos, si no son capaces de modificar el que tenemos, consigan uno mejor. Yo creo en la vida eterna, y creo que las almas, aquellas que están llenas de luz, que fueron regadas en vida, encontrarán un mundo mejor, una dimensión mejor, un estar mejor. Sueño esto para mí, para mis hijos, seres queridos y para todos. Humildad, luz, amor y redención.

Anuncios

Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
Esta entrada fue publicada en Concienciación, Educación, Espiritualidad, Reflexiones, Religión, Sociedad y etiquetada , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s