Detrás de mis ojos

¿Quién nos negará que unos ojos así no son en realidad un grito al Cielo, un hasta cuándo Señor, hasta cuándo? Ojos de esperanza porque sólo se espera, sólo se espera. ¿Y qué esperamos? ¿Nada? ¿Todo? ¿Que vengan a rescatarnos de esta atrocidad llamada vida que hemos convertido en muerte, en parajes de zombies? ¿En que nuestro espíritu trascienda mares allende, brincando infinitos y eternidades? ¿En qué de repente todos demos un salto evolutivo y empecemos a usar la cabeza, ese 90 % que no usamos, y el corazón, ese 100 % que no utilizamos?

Muchas veces he perdido la esperanza, creo, muchas veces la he recuperado, a veces me siento a contemplar mi propia estupidez, mi pequeñez, otras cabalgo entre los dioses, hinchado de orgullo y vanidad. Muchas veces he sentido la llamada compasión universal, otras hubiera sido capaz de destruir el mundo. Muchas veces miro el lado negro de las cosas, otras el lado blanco. Mis sueños se han podrido dentro de mí, haciéndome daño anda las muy jodidas ensoñaciones, aquellas que me llenan a veces de temor y siempre al final de esperanza. Pero mi esperanza no es más que un grito al Cielo, un decir: “Esto debe acabar alguna vez”. Porque yo, al igual que tú, ando sediento y hambriento, pero de paz, de libertad, de justicia, de amor.

A veces pienso que nada tendrá solución, que en realidad estamos abocados a incrementar nuestra ignorancia y a autodestruirnos. Pero pienso, también, no será esto como  lo de Sodoma, que cuando salga Lot… Pero también me mueve ciertos hilos; y dígome que aunque no llegue a ser lo de Jonás, habría que intentarlo, que debemos intentarlo, que debemos correr el riesgo de convertirnos en estatuas de sal, si es que no toca este lado de la historia, que creo que sí.

A veces lloro, pero no por aquello que me toca directamente, aunque todo toca al final directamente, lloro por los horrores que contemplo, por el mal que se hace, el daño que se provoca a los semejantes por cualquier razón. Lloro por la ignorancia, por el fanatismo, por los rencores, por las venganzas, por las discriminaciones, por los que tienen hambre y sed, de pan y agua, de justicia y equidad, de paz y libertad. Lloro por aquellos que siendo indefensos son víctimas de la guerra. Lloro porque existen, hay, millones de niños, de jóvenes, que ya tienen los ojos cargados, de dolor, de odio, de derrota, y han perdido esa sonrisa del que espera con esperanza, porque ya sólo les queda el grito al Cielo y a veces ni eso.

¿Hasta cuándo estaremos así? O mejor: ¿Dios mío, Dios mío, por qué nos has abandonado?

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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