Perspectivas y ansias de una nueva revolución

 Muchos autores y pensadores del movimiento insurgente, antisistema, del mundo occidental y capitalista, se sitúan en la hipótesis de que todo está controlado por grandes corporaciones: banca e industria, y detrás de grandes apellidos o familias. Todos, según estas teorías, tachadas por muchos medios como conspiraciones o conspiranóicas, somos objetos de su avaricia y sus planes ocultos. Se remata, según muchos, con ciertas sociedades secretas y ciertas ramificaciones extraterrestres, etc. En cierto modo, tenga pruebas o no, sospechas muchas, o más bien intuiciones, creo que cabe la posibilidad de la certeza de estas conspiraciones; pero no descarto estar equivocado. Para mi no es prioritario averiguar si detrás de Rockefeller hay un señor más importante que se sienta en un silla de una secta secreta y que éste obedece los dictámenes de seres del inframundo. Y no es que no tenga importancia, es importante, por supuesto, pero creo que es fundamental lanzar la mirada de las conspiraciones y los esfuerzos al interior, no al exterior. Pues de nada sirve ganar la guerra o la batalla contra los dioses si perdemos nuestra alma. Dicho esto, hago un punto y aparte para ir a lo que iba.

¿Somos esclavos? ¿Somos realmente libres? Contestar estas preguntas pueden variar de un país a otro, pues está claro que no se puede considerar este aspecto del mismo modo en un país islámico que un país occidental o que un país comunista que un país capitalista, que un país pobre o que uno rico. Pero a grandes rasgos se pude extrapolar una versión realizada en occidente, por ejemplo, a un país del oriente o del sur. Todas la naciones del mundo tienen cosas comunes, y por desgracia muchas de estas cosas son nefastas. Uno de sus parecidos es que el que es rico manda y el que es pobre obedece, que todos rinde culto y pleitesía al dios dinero, que hay corrupción en las esferas del mando y que hay manipulación de las masas para conseguir ciertos objetivos políticos y económicos. Da igual si es Teherán, New York, Madrid, Calcuta, Pekín, Sydney, Rabat o Moscú, en todas parte impera esos parecidos: culto al dinero y búsqueda del poder a toda costa. ¿Somos esclavos? Sí, y no ya de un régimen comunista-capitalista en China o Cuba, o de un régimen islámico-capitalista en Irán o Arabia Saudí, o de un régimen de libre mercado esclavista occidental, todos somos esclavos del dinero y de las falsas promesas de este indigno dios. Para colmo, en todas partes se manipula a las masas para creer que son libres. El recurso de la democracia por ejemplo, tal como está en estos momentos, es una falacia, pero eso sí, cada vez que se vota el censado cree que está ejerciendo su libertad y es él quien dictamina quien se pone y quien se quita. Falso, no hay democracia verdadera, siempre son los poderes del dinero el que dictamina; puede que pongan a uno en vez de a otro, pero ambos son feligreses y deudores de tales poderes. El bipartidismo de las democracias occidentales, por ejemplo, son un fiel reflejo de lo que dijo: rojos y azules en realidad son lo mismo, izquierdas y derechas igual, no hay diferencias sustanciales.

Desde pequeños se conduce la vida del ser humano para hacer de él un hijo del sistema. No puedo juzgar otras culturas, pero como dije, quizás sea facilmente extrapolable. El sistema educativo: lineal, frío y amputado, no es más que una forma de alineación, un reducto de feligreses y seguidores. No se educa para aportar algo constructivo a la sociedad y al grupo, se educa para “ser alguién el día de mañana”, que sin eufemismo quiere decir para ganar dinero y vivir bien. Es una aspiración dictada como digna llamada “búsqueda de la felicidad”, que pasa por crear un corazón egoísta, orgulloso, competitivo… Esto es otra, se educa para competir. Todos deben competir con todos y todos deben luchar para ser catalogados como los mejores: mejores notas, mejores trabajos, mejores puntuaciones… No se educa para complementar, aportar y completar, sino para dividir. Es un fiel reflejo de la sociedad en la que se vive. En casi todos los ámbitos de la vida se premia la competición y al que por supuesto llega a la zona de arriba o gana en al misma: deportes, escuelas, hogares, política, salud, universidad, etc. Tal es así que hay un total rechazo a los “perdedores”, son considerados como leprosos. La creatividad y el arte, dones del hemisferio derecho del cerebro, están denostados, no hay magia, espíritu, ecología, asignaturas adecuadas en la educación. Claro está que los estamentos legislan en educación para que un alumno sea un día un perfecto integrante de la sociedad, es decir, se integre en el mundo laboral, se educa para que encuentre un trabajo, repita patrones, que por allende repercutirá en la economía local y global. No se hacen a seres humanos, se hacen a trabajadores, y un trabajador no es más que un feligrés del Becerro de Oro, activo o pasivo, sin querer o a la fuerza; al menos tal como están ahora las cosas.

La mayoría de los seres humanos del mundo no tienen independencia económica, palabra que por sí misma es una aberración, por lo que tienen que recurrir al préstamo. ¿Por qué se acude al préstamo? Pues porque se les ha inculcado desde pequeños la idea de la propiedad, y por supuesto, la propiedad cuesta. Un automóvil, una casa, una finca, una piscina, una televisión, un objeto cualquiera, tienen un precio de mercado, y la mayoría de ellos son adquiridos con deudas. Esta vorágine de compras no para nunca, ni aunque se termine de pagar otros préstamos o hipotecas, pues sigue y sigue; de que les entren ganas de consumir se dedican los cada vez más sofisticados medios de propaganda consumista: la publicidad. La deuda, la propiedad, las compras compulsivas, el consumo desorbitado, te hacen esclavo, esclavo del dios dinero y por añadidura de sus templos: bancos, cajas, bolsas, etc. Por lo tanto, si el gasto y la deuda es desmesurada, las horas de trabajo y el trabajo también. ¿Qué ocurre cuando se trabaja tanto tiempo o los trabajos son tan duros? Que la primera consecuencia es que no hay tiempo libre, la segunda es que se está cansado. Al estar sin tiempo, cansados, se le añade malhumorados, ansiosos, estresados, deprimidos, etc. Lo que al final repercute en una vida familiar insignificante, en comportamientos egoístas (“el poco tiempo que tenga para mí”), y en el que nuestros hijos sean educados por el estado y su nefasto sistema educativo, y vuelta a empezar. El concepto tiempo es fundamental en estas cuentas, pues quien tiene mucho tiempo libre corre el peligro de ponerse a pensar y a sentir, y a que probablemente resuelva que su vida no es vida y que el mundo no es mundo, y tal vez, concluya que es esclavo y que necesita libertad. Los poderes, sean cuales fueren estos, que no me voy a poner a decir quienes son, tiene estrategias para que esto no ocurra. La industria del entretenimiento hace aparición en el tiempo no laboral del individuo, su principal arma es la televisión, aunque también usa otros aparatos de entretenimiento: videojuegos, cine, juegos de azar, deportes, etc. Las drogas y otros tipos de sustancias psicotrópicas (incluyendo el opio del pueblo) hacen el resto. Aquí está el secreto de que muchos parados no les den por cuestionar al sistema, son manipulados tanto o más que aquellos que no tienen ni tiempo de rascarse. Da la impresión que todo es un enorme reloj con múltiples engranajes y que al final todas las piezas encajan para que el tic tac no pare.

Control y manipulación, es la esencia de la mezquindad del sistema, para lo cual usa armas como las descritas anteriormente y otras que quizás ni pueda sospechar. Manipulan emocionalmente para que los deseos hagan el juego que se espera, la demagogia política, las aparentes divisiones y guerras, la publicidad, la búsqueda de la felicidad, la imperiosa necesidad de la propiedad, etc. estimulan al individuo a ser egoísta, soberbio, corto de entendederas, integrante de tradiciones sin sentido y de facciones con menos sentido aún. El individualismo impulsado desde finales del siglo XIX y primeros del XX, llegando a su culmen en el XXI, han convertido al ser humano en una máquina de carne y hueso, vacío y sin más Dios que él mismo en realidad. Claro está que esto es lo general, por supuesto hay personas y grupos de personas que probablemente no hayan sucumbido,y otros que incluso estén peor. Divide y vencerás, dijo el general, y no hay mayor división que deshacer el grupo y dejarlos a todos aislados. Control y manipulación, una propaganda diaría y bien acogida por el gentío facilita la cosa.

¿Cómo se despierta? Despertar es difícil, pues esto requiere un cambio de paradigma, de mentalidad tal, que resulta un hito casi imposible. En este sentido tengo claro que escucha quien está preparado para escuchar y ve quien está preparado para ver, es como si la tarea de despertar fuese también una lucha individual, será porque al llegar a tales extremos de individualismo no sirve de nada otros focos de atención, nada más que la propia individualidad; pero creo que el erre que erre de aquellos que creemos estar despiertos, al final surte un efecto. El hecho es que cuando el oído está preparado es cuando el oído escucha, no antes. No importa que seas el mejor orador, escritor o milagrero del planeta, si no están por la labor no están o si no vibra en tu misma onda, entonces todo es inútil. Otras veces, con una simple palabra, abres los ojos de alguien, por supuesto para que siga su propio camino y vea su realidad, pareciendo increíble. En estos foros y encuentros no deja de ser un acto de onanismo, quizás necesario para ahuyentar la soledad, los que nos hablamos, pues estamos más o menos en la misma onda. En un simposium de medicamentos por supuesto la gente que va desea oir cuestiones sobre el medicamento, si a alguien se le ocurre algo distinto, por ejemplo, hablar de ovnis, le gritarían, pues todos están en la misma onda y van a lo que van. Cuando un periodista da una conferencia sobre espíritus, lo extraño sería oirle decir algo sobre la preparación de la torrijas. Es así, simpatizamos con los que están en la misma onda. ¿Cómo hacemos llegar el mensaje a aquellos que no están por la labor? No se puede. La más que podemos hacer es vivir con nuestro mensaje a cuestas en nuestro entorno familiar, laboral, etc. y que como el agua orada la piedra, poco a poco, llegue un momento en que se consiga algo.

Da igual la agenda oculta o esotérica de los poderes fácticos, da igual la clase de prisión que nos agarrote el cuerpo, la libertad, la liberación, debe ser interior, del alma, en lo más profundo de nuestro ser. Pues si la sociedad la forman seres que son libres de corazón el mundo cambia. He aquí el error de revoluciones anteriores, que se ha buscado la libertad, la emancipación, fuera de nosotros mismos. Se ha considerado siempre que la libertad es la capacidad de decidir sin coacción y de poder expresarse sin barreras, pero no hay peor enemigo de esta consideración que aquellos que conducen las revoluciones, y en último lugar el peor enemigo somos nosotros mismos. Todas las revoluciones habidas han conducido a lo mismo, a la sangre, al dolor, pues se exterioriza todo lo que se lleva dentro: dolor, revancha, venganza, ansias, etc. Otra manipulación y otra forma de control más han sido y son las insurrecciones y revoluciones tradicionales. Propongo un nuevo alzamiento, una nueva revolución, sin sangre, sin matanzas, sin altercados, sin que se levante el aire, pero a la misma vez la revolución más grande jamás llevada a cabo y experimentada: la revolución espiritual. Y no confundamos revolución espiritual con religión, al menos en el sentido tradicional conocido, ni confundamos con otra cosa, pues es nueva, solamente ha sido experimentada de modo individual, pero nunca colectiva. Una nueva revolución en la que el corazón esté en paz, en la que se busque el bien colectivo, en la que lo importante sea la búsqueda del amor, en la que no existan fanatismo, ni instituciones que la dirijan, ni profetas ni envidados. Esta revolución está por hacer, y es la que se debiera hacer, y no son ñoñerías ni utopías, es la única forma posible de entendernos todos, pues al imperar la humildad y la búsqueda de la colaboración y el bien común, nos hallaremos en una sociedad equilibrada, entre nosotros mismos, en nosotros mismos y con la naturaleza.

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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