La Conciencia y su Viaje

He pensado varias veces en esto: que la conciencia está estratificada, es decir, que contiene diversas y diferentes capas, y que la que sentimos es aquella en la que nuestro consciente se deposita y se siente, es el yo actual, con el que me identifico.

Nuestras células seguramente tengan su propia conciencia, cada una de eso 60 millones de células con sus millones de conciencias; pero no somos conscientes de esa conciencia porque sentimos en una superior que las abarca todas. Probablemente habrá muchas células que su modo se preguntarán lo mismo, ¿tendré millones de conciencias por debajo mía? El caso es que si yo me siento con una conciencia que en realidad está formada por millones de conciencias, debo pensar que ellas me necesitan tanto a mí como yo a ellas, y que si bien ellas pueden pensar que yo soy la inteligencia que manda, su dios, no es menos cierto que yo, la divinidad celular, no puedo ser sin ellas.

Una conciencia que abarca conciencias y estas más. Todo ello me lleva a pensar que hay conciencias por encima mía que me contienen, como por ejemplo, una conciencia grupal o social o colectiva, en la que nosotros, sus integrantes, somos células. Y yendo más lejos, una conciencia solar, universal y divina, una que las contenga a todas.

Dios sería pués una inteligencia, una conciencia a escala superior de lo que es cualquiera de nosotros, una Conciencia Suprema que lo abarcaría todo, que lo contendría todo y que probablemente fuese una parte “inferior” de algo. Dios, por lo tanto, y a vistas de este pensamiento, nos necesitaría tanto a nosotros como nosotros a Él. Pero, la siguiente idea sería, la del universo fractal y la del axioma hermético: “Como es Arriba es Abajo”, lo que conllevaría a compararnos a Él con todo el derecho: somos dioses. La prueba de la existencia de Dios somos nosotros mismos, pues si yo soy una conciencia creadora, portadora de un universo y una creación a escala, con millones, tal vez incontables conciencias, debe haber una, incontables conciencias superiores.

Es como si en el Todo (no hay mejor manera de llamarlo) existiese una energía creadora, que no supiese hacer otra cosa que expandirse y multiplicarse, y que tanto Dios como nosotros estuviésemos sujeto a esa Ley.

¿Es consciente Dios de nosotros o nos sospecha como parte de su inconsciente? Pues eso es otra cosa, que si nosotros, la conciencia que somos y nos sentimos identificados, es una parte minúscula de consciencia (de darse cuenta) y una parte inmensa de inconsciente (de no darse cuenta), puedo pensar que a Dios le ocurre lo mismo, a no ser que Él, por estar arriba y presumiblemente “primero” que nosotros, tal vez es más consciente de su inconsciente o totalmente consciente. Pero¿ es “primero” Dios o es “primero” sus partes? La pregunta tiene sentido, pues podríamos compararlo con un edificio, en el que todos sabemos que antes de ser edificio es cientos de miles de ladrillos, lozas, hierros, etc. Pero también sabemos que antes fue un proyecto arquitectónico dibujado en un papel; lo que probablemente lo marcaría antes como un todo sin partes que un todo con partes, en la que esta última si necesitaría partes para ser un todo. ¿Nos pasa a nosotros lo mismo? Creo que sí. Esto nos lleva a valorar la idea de que si hay estratos de conciencias seguramente haya estratos de soporte vital, de cuerpos, de materia que sujeta y revela la conciencia, y que a cada nivel de conciencia le correspondería un nivel de cuerpo. Nuestras células se transmiten, se van de nosotros y forman nuevas colonias, un nuevo cuerpo. También mueren y nacen, dejan huecos a otras, para que todo marche bien. Nosotros, conciencia superior, también hacemos los mismo. Es como si la conciencia, a través de esa energía creadora, estuviese obligada a manifestarse siempre, de un modo u otro. Esto me hace creer en la inmortalidad, aunque me haga dudar de la permanencia del ego, por lo menos tal como lo concebimos, y me explico: si yo soy yo porque tengo un nivel de consciencia y un nivel de inconsciencia, en el momento que abarque más parte de la inconsciencia y lo integre en el consciente, ¿seré el mismo? Probablemente no; seré otra persona, una conciencia superior.

La conciencia no muere, no desaparece, transmuta, cambia, pero siempre está. Las millones de conciencias que forman parte de nosotros hacen lo mismo. Si una célula muere, su conciencia (en esencia inconsciente) transmuta, tal vez se abra paso como una conciencia superior, tal vez como una bacteria o virus, tal vez de nuevo una célula. En definitiva todo es conciencia. Si la escala de evolución me dicta que las células tienen una proporción total de inconsciencia y que conforme viajamos por la evolución hay más parte consciente, casi con toda seguridad, cuando llegamos a Dios veamos que es pura consciencia, es decir, que su inconsciente se ha integrado totalmente en su consciente formando una supraconsciencia. Si se calcula que nosotros, los humanos, practicamente somos conscientes de un 5%, aunque hay autores que incluso dicen que un 1%, imaginad cuanto viaje de transmutaciones nos quedan todavía para llegar a la altura de la Conciencia Suprema.

¿Necesitamos nosotros las células inconscientes para vivir y ser? Sí. ¿Necesita Dios a seres humanos practicamentes inconscientes para vivir y ser? Sí. Porque en realidad todos nos necesitamos a todos, estamos interrelacionados, no hay separación. Porque es un Todo de conciencias, de diversos y diferente niveles, que al final se integran. Y la energía creadora continúa, desde más allá de la supercuerdas hasta más allá del Universo. En ese viaje estamos, es espectacular, no tiene final, ni principio, y es para sentirnos felices, porque fuimos partículas cuánticas y ahora somos, nos sentimos, conciencias humanas; lo que hay delante será una aventura maravillosa (pase lo que nos pase) donde la muerte en realidad es un cambio de conciencia.

Feliz viaje.

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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