Esperanza Siempre

Se podría decir que en cuestiones espirituales, esotéricas e incluso religiosas, nado lo suficientemente bien como para mantenerme a flote, y no es que sea un campeón olímpico en estas lides, pero el estilo perrito se me da muy bien. Otra cuestión es cuando me meto en política y economía, o en otras batallas sociales, que no solamente no me sirve el estilo perrito sino que además la piscina resulta ser una ciénaga pantanosa y maloliente, o que es decir lo mismo, salgo mal parado o ahogado. Y es que no lo puedo evitar, sé que dentro de cien años todos estaremos calvos, que todo es vanidad de vanidades, que ya está todo hecho y conseguido en un tiempo inexistente; pero claro, yo sería menos yo, y el mundo seguiría más enredado sin la aportación, del día a día, de personas que sí saben nadar y son auténticos campeones en las batallas sociales.
El mundo no está bien, nada bien, pero intuyo que es una consecuencia esperable en una transición. Lo peor de todo de este mundo que no está bien, pero parece que va evolucionando, es el pesimismo de los corazones. No podemos dejarnos llevar por el pesimismo, y menos los que nos consideramos espirituales, ya que sabemos que vivimos en un universo maravilloso, que todos tenemos parte en el Todo, que todos somos ese Todo y que tardemos cien años o millones seremos perfectos, más aún, ya somos perfectos, aunque no lo sepamos ni lo sospechemos siquiera. Eso sí, una cosa es describir los hechos actuales: guerras, rumores de guerras, conspiraciones en la sombra, corrupción, falsas democracias, lavado de cerebros mediáticos, fanatismos, economía criminal y fantasma, etc. y otra cosa es dejarnos llevar por energías negativas y mutiladoras. En román paladino, el mundo está hecho una mierda, pero no es óbice para sentir en el fondo de nuestros corazones que estamos en el camino correcto. ¿Por qué el correcto? Porque mientras más luz hay, mejor se ven las sombras; porque lo antiguo siempre se ha revelado contra lo nuevo, cuando lo nuevo se abre camino; porque la enfermedad es una corrección de lo que va mal.
Aquí es donde entra la obligación y el deber de los teóricos, hacer llevar un mensaje de esperanza, transmitir paz interior, pese lo que pese y pase lo que pase; para que aquellos que están a pie de calle, sean capaces de transmitirlo directamente. Debemos incluir en nuestros mensajes, muy profanos y cotidianos, la esencia espiritual de todo, el mensaje del interior de nuestras almas. Porque la revolución de siglo XXI no sebe ser con armas, ni con sangre, ni con peleas, debe ser una revolución espiritual interna; ésta revolución si tendrá éxito. A lo largo de la historia ha habido muchas revoluciones, con más o menos motivos, con más o menos razón, pero todas han acabado mal, no ha perdurado o se volvieron peor que a los que atacaron. La auténtica revolución debe ser en los corazones, en un lugar tan sagrado y tan poderoso, que es capaz de volver al mundo de al revés. Y para este tipo de revolución no hay nada imposible, es capaz de mover montañas, montañas que llevan siglos impuestas y montañas que llevan milenios engañando. Debemos por ello, reconectarnos a nuestra divinidad, saber que somos grandes, que todos somos Uno, que aunque todo el pescado esté ya vendido debemos antes pescarlo.
En fin, hermanos, hermanas, amigos, yo, conoced los tiempos, no seáis ingenuos, pero ante todo sed positivos y llenos de esperanza; porque estamos en el Todo y lo que hay es maravilloso y espectacular.

Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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