Transitorio y Mutable

Sin duda todo es transitorio y mutable, quizás lo único permanente sea la propia impermanencia de las cosas; porque todo cambia y transmuta. La vida es un intermedio entre dos eternidades, una especie de impasse, que hay que sentir con intensidad, llevando a cabo los ideales del “aquí” y del “ahora”, porque es la mejor manera de ser conscientes de nuestra vulnerabilidad y a la vez de nuestra grandeza, al formar parte de una totalidad y ser únicos en la diversidad infinita. Esa transitoriedad nos debe enseñar a ser desapegados, que quiere decir, no tener apego o deleitar el ego con inservibles servidumbres.

La humildad es la primera y más efectiva arma para combatir en esa guerra interna de liberación, donde se comienza a ganar dejando de ser esclavos de nuestros propios deseos, del arrastre del pasado y de los propósitos del futuro. Toda nuestra atención debe ir encaminada en sentir, en pensar, en proyectos por completo nuestro ser al momento presente y en marco del instante. Esto no conlleva una dejadez en la preparación, ni un olvido del pretérito, conlleva, que hagamos lo que hagamos, pensemos lo que pensemos, lo estamos encuandrando y disfrutando en el momento, sin dilaciones ni suspensiones.

No tengo dudas al respecto: el mundo es una escuela, la vida es la asignatura; aunque no tener dudas al respecto no deje de ser más que una forma de hablar. Dudas hay, porque hay preguntas, y porque hay una o varias respuestas, o porque ni siquiera hay respuestas; pero vivir en ese mar de dudas no debe amedrentarnos. Tal vez, y parece irónico, la mejor forma de no tener dudas es no tener deseos de respuesta y por lo tanto no tener ganas ni ansias de preguntar. En el fondo ya tenemos todas las respuestas en nuestro interior, pero mientras no sepamos acceder a ellas viviremos dando tumbos por esos mares de incertidumbre. Aún así, la misma incertidumbre nos invita a tener humildad, pues facilita caer derrotados, y tras la lección de la vida no nos queda más que admitir lo que somos y debemos hacer.

Aprender a vivir, es como he dicho antes, en esencia, vivir el aquí y el ahora, con plena consciencia. Pero no es la única e importante lección de la vida, la segunda lección, pero tal vez más importante, es aprender a amar. Debiera, quizás, escribir amar con mayúscula, para distinguirla del verbo que tan ultrajado está por ser usado con demasiada frecuencia, sin reparar en la verdadera idiosincrasia de la palabra. Amar es algo más que afecto, que un sentimiento o emoción, algo más que el conocido apego y deseo por algo o alguien…. Tal vez ni siquiera tenga algo que ver con esa acepciones recurrentes. Dante decía que el “amor movía el Sol y las altas estrellas”, y es en lo que creo, pues considero el amor como una energía creadora y vivificadora, y amar el modo de transmitir esa energía, esa vida. No obstante, el amor como el sentimiento compasivo y generoso hacia los demás (que no deja de ser una forma de transmitir vida y crear, una energía), es una acción que muy pocos saben llevar a cabo. Normalmente mienten o se mienten a sí mismos quienes afirman que saben amar o que aman. Amar de verdad es más difícil o cuesta tanto trabajo como obtener la plena sabiduría o el conocimiento de todo el cosmos, es un último peldaño a la divinidad manifiesta. Mientras no logremos amar de ese modo, nuestros sucedáneos de amor deben ir encaminados a conseguir esa meta. La humildad facilita comenzar a amar de verdad.

Todo es transitorio y mutable, nuestra conciencia permanece sobre esa mutabilidad, y la afecta; forma y conciencia intercambian cambios. Más aún, la conciencia es la que toma formas mutables conforme la evolución. Nuestra forma es obra de nuestra conciencia. Nuestra conciencia está compuesta de esa “energía” eterna e infinita. Aprender a manejar esas energías es aprender a amar y a vivir, es conocernos a nosotros mismos, es detectar nuestra verdadera naturaleza y tomar la forma más evolucionada.

Pero todo comienza por una virtud: la humildad.

Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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Una respuesta a Transitorio y Mutable

  1. ¡¡Amar con Humildad!!, yo mismo no podría haberlo expresado mejor.
    Está perfecto tu artículo, al que añadiría solo una cosa, para amar de verdad deberíamos dejar de poseer.
    Es realmente esperanzador sentir que no estás solo y que el cambio empieza a ocurrir en nosotros.
    Enhorabuena por el camino que llevas recorrido hasta hoy y gracias por decidir compartir tus pensamientos.
    He llegado hasta aquí por el grupo de facebook😀

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