Los toros y la comida

El ser humano come carne y esa carne sale de seres vivos que para estar en la mesa deben morir. Dada la cantidad ingente de personas que vive en el planeta, el recurso cárnico se ha industrializado, lo que significa, que además de matar a seres vivos para comer la calidad de la carne ha bajado mucho. Más o menos los animales sufren estrés, dependiendo del país y del matadero incluso torturas, pero en su mayoría la muerte es rápida, por lo menos quiero pensar en que es así.

Esto no va ser un debate de vegetarianos o carnívoros, voy por otro sitio. Al respecto de esto creo que todos deben obrar en conciencia y comer lo que desee o pueda. Por supuesto que lo ideal es no comer ningún animal, sería señal de evolución espiritual; por otro lado nuestros dientes están diseñados para ser omnívoros, por lo que nuestro cuerpo acepta la carne y los vegetales de igual modo.

Esto va sobre las corridas de toros y fiestas taurinas. ¿Qué necesidad hay de torturar un animal? Entiendo que alguien tenga hambre y le dé caza a un toro o a un ciervo o un gato, da igual, el hambre y la supervivencia justifica con creces ese tipo de muertes. Lo que no entiendo es que alguien disfrute torturando un animal hasta la muerte, por tradición, porque siempre se haya hecho así, porque haya mucha gente que come de las fiestas, etc. Mucha gente vivía del circo romano y de la luchas de gladiadores, así que eso no justifica la lidia. Tampoco se justifica por la tradición, pues las tradiciones cambian, se adaptan a los tiempos o desaparecen o crean nuevas; también es tradición quitarle el clítoris a las niñas en ciertas culturas y no por ser tradición deja de ser aberrante. Otro argumento es que el toro desaparecería por siempre, la extinción, cosa con la que no estoy de acuerdo, pues siempre se le puede dar otro uso al toro. Estoy seguro que se criarían como los cerdos de bellota y ser vendería para carne, aunque si fuera verdad no nos da derecho decidir que especie sigue o no sigue, es como poner una condición a una especie para sobrevivir. Hay que imaginarse otra especie, un adorable y tierno cachorrito de dálmata al que hay que torturar y matar con un cuchillo, pero como no se le haga eso se extingue para siempre y claro, no queremos que los dálmatas se extingan, por eso hay que seguir con la tradición.

¿Qué belleza hay en la lidia? La que se quiera ver, pues hemos hecho estética de cualquier motivo. Conozco tractoristas que ven belleza en los surcos que deja con el arado, y eso ocurre porque quieren ver belleza, no porque la tenga.

Matamos animales, sí, pero ¿es necesario hacerles sufrir tanto, martirizarlos tanto? No me imagino a un carnicero haciendo lo mismo con un cordero o con una vaca, no me imagino clavándole banderillas en el lomo al cordero y una pica después, además de marearlo, cabrearlo, estresarlo, para al final clavarle un cuchillo en el lomo, para que llegue al corazón, fallando multitud de veces, para al final rematarlo. Un tiro en la cabeza o cortarles el cuello es más compasivo, dentro de la brutalidad de cualquier muerte.

Es cierto que debemos mejorar nuestros hábitos alimenticios, y es cierto que nuestros hábitos van con nuestra evolución; pero lo del toreo, así como otras fiestas de pueblos en las que se tortura animales, son incomprensibles ya.

Eso sí, todo es un fiel reflejo de la sociedad, de lo que cada uno de nosotros lleva en su interior. No nos escandalizamos con la violencia, de hecho la gente le encanta el morbo de la misma. Llevamos en nuestro interior esa furia asesina, del depredador, y fiestas como estas son proyecciones de nuestro interior. Si estuviéramos evolucionados no haría falta prohibir nada, desaparecería por sí sola las barbaridades. Plazas de toros vacías, fiestas de toros sin gente, vídeos violentos sin visitas ni visionados, políticos decentes y honrados… será cuando todos queramos que sea y eso será cuando todos estemos evolucionados y nuestra violencia interior, nuestra maldad, estén bien reconducidas.

Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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