Buscar el sentido

El único objetivo que tenemos los seres humanos en esta vida es buscarle sentido, pues de lo contrario nada merecería la pena y seríamos pasto de nuestra propia grandeza, de nuestra propia evolución, machacados por el peso de nuestras emociones, de nuestros pensamientos.

Venimos al mundo, como animales no tenemos más que sobrevivir, con todo lo que ello conlleva: comer, beber, protegerse, procrear como impulso ante el miedo a no ser, a no estar. Pero tenemos un intelecto, unas emociones, que determinan todo en nuestra vida, incluso nuestra salud, incluso nuestra capacidad de supervivencia. Eso hace que si somos conscientes de nosotros mismos busquemos razones, motivos de nuestra existencia, de nuestra labor en la vida y en el mundo; y al ser conscientes no nos conformamos con el mero hecho animal, pues adquirimos trascendencia. Ahí es dónde entra la búsqueda del sentido de la vida, en que el sentido no es ya el mero hecho de vivir.

Como una pulsión, algo instintivo, todos buscan y encuentran un sentido, incluso sin tener muy desarrollado su intelecto, su espiritualidad. Es como una defensa de nuestro organismo, de nuestro ser, a no perecer bajo nuestra propia grandeza. Ese sentido puede ser loable o ridículo, y puede ser uno u otro, cambiar sin darse cuenta; pero son programas, objetivos, que hacen que el individuo viva, no quiera dejar de existir, no quiera alejarse de todo cuanto le produce placer y satisfacción.

Las almas más complejas, esos seres que entran dentro de su propia grandeza, que son conscientes de lo trascendente, puede hallarse ante la tesitura de tener mayor capacidad de encontrar el sentido, pero mayor dificultad para hacerlo. Entran, pues, en una crisis existencial, en una depresión o melancolía, que les hace ser diferente, especiales. Estos seres pueden llevarse toda una vida buscando el sentido de la vida, su sitio, su objetivo, y no encontrarlo.

Y es que el sentido de la vida tiene niveles de dificultad, como los juegos, y hallado los niveles primeros del sentido, una vez superadas, se busca uno mayor. Esa mirada a la profundidad del alma, la que te hacen entrar en esa melancolía o depresión existencial, es una búsqueda mayor de un sentido mayor; que por eso no la encuentran o al encontrarle se hallan buscando otro sentido mayor.

Es el viaje del héroe: unos se conforman y les resulta alentador y definitivo con conquistar una ciudadela; pero el héroe grande, el gran héroe, querrá conquistar el país entero o el mundo.

Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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