Mascarada

Según la RAE:

persona.

(Del lat. persōna, máscara de actor, personaje teatral, este del etrusco phersu, y este del gr. πρόσωπον).

Persona es máscara, un antifaz, una versión adaptada de nosotros mismos que damos a la sociedad, al otro. Esa versión adaptada es la que el sujeto piensa y siente necesitar en ese momento, en esa circunstancia concreta, ante el otro u otros presentes, es la versión mejor o peor de nosotros mismos, según convenga.

Todos nosotros usamos máscaras, tenemos, tal vez, miles, si no más de ellas, una para cada relación, para cada encuentro con otra persona, con cada una de sus máscaras ajenas. Y eso no es hipocresía, ni engaño, pues siempre tenemos una máscara puesta. Muchas de esas máscaras se parecen, es como si hubiera una línea que las igualara, pero en realidad son distintas. La máscara que usamos con nuestro padre puede ser parecida a la que usamos con nuestra madre y muy parecida a la que usamos con ellos dos juntos, pero en realidad son ligeramente distintas. La máscara que usamos con nuestro hijo es parecida, tal vez, a la que usamos con otro de nuestros hijos y muy parecida a la que usamos con otro, y otro, y con todos nuestros hijos a la vez; pero son distintas. Cuando las máscaras son manifiestamente distintas nos pueden acusar de hipocresía, de engaño, de otras cosas, pero en realidad debe ser así, no porque en el fondo no seamos aquello que nos acusan, sino porque tenemos que tener una máscara para cada persona exterior y para cada grupo de personas y entra dentro de la normalidad la diferencia entre máscara y máscara, así como el parecido entre máscara y máscara si las relaciones son parecidas.

Saber crear, de manera inconsciente, por supuesto, nuevas máscaras, es signo de salud mental, de capacidad de adaptación. Crear máscaras intencionadamente sí es maquiavélico, o una representación teatral consciente, es como si a la máscara le superpusiésemos otra máscara. A ese inmenso juego y enorme abanico de antifaces le denominamos persona.

La persona, todas esas personas que somos, que representamos, se alimenta de nuestro interior, de nuestro Inconsciente, tanto el personal como el colectivo, pues ambos están entrelazados y forma uno parte del otro. Ese Inconsciente es un maremágnum de arquetipos, complejos, sueños, recuerdos, etc. Entre esas parcelas más importantes de la psique humana cabe destacar la Sombra, la cual es el abono de la persona, pues actuamos como actuamos por lo que llevamos dentro y por lo que rechazamos de nosotros mismos, que eso es lo que representa la Sombra.

Cada máscara, por ejemplo, la que te pones en la relación con tu jefe, es única, porque es máscara se alimenta del interior, que determina todo en ese juego de antifaces: cómo hablas con tu jefe, el tono, la simpatía o el odio, el respeto, el engaño, el amor, la indiferencia, y esa relación, juego de máscaras, se actualiza constantemente, aunque a grandes rasgos se pueda mantener en el tiempo. A parte de la máscara que te pones para tratar con tu jefe, hay otras máscaras que se pueden superponer, como cuando estás en situaciones distintas al trabajo: hay una máscara para con el jefe en el trabajo y otra para con el jefe en una cena de navidad; y no es que sean distintas máscaras, es la misma, la que te pones con el jefe, pero adaptada. La cuestión es que para cada relación existe una máscara, que puede ser en una relación individual o en una colectiva, y que las máscaras están siempre presentes, un paso atrás en el presente y en el consciente, salvo la que necesitamos, y que pueden estar relacionadas, contaminadas, por ejemplo: tienes la máscara puesta que llevas cuando estás con tu marido, llegas al trabajo, te pones la del trabajo, sea la del jefe o del compañero, pero la de tu marido contamina, por motivos que sea, a la del trabajo, y ese día o esos momentos, estás como perdida, no sabes cómo actuar o bien confundes, como por ejemplo tratar con ira (sin darte cuenta) a un compañero, con el que siempre tienes una máscara de cortesía, porque has discutido con tu marido.

Conforme somos más despiertos, más conscientes, hacemos más interiorizaciones, las máscaras se vuelven más igualitarias, pero cuidado con esto, una psicopatía total hace que un sujeto tenga muy pocas máscaras y que trate con todos con la misma careta, pero un gran sabio, un maestro de maestros puede llegar a lo mismo; el primero por eliminación de sus máscaras, pues su Sombra a contaminado por completo a su persona, y el segundo por igualación de su infinitas máscaras por la iluminación de su Sombra.

Lo ideal sería crear máscaras, personas, para poder tener una para cada segundo y momento de nuestras vidas, al ser tantas el Ego pierde fuerza y la empatía crece sobremanera. Teniendo tantas lo correcto sería igualarlas: misma amabilidad, misma cortesía, mismo amor. No me cabe duda que el mismo Dios tiene todas las máscaras posibles existentes pero que cada una de ellas es casi igual o exactamente igual a las otras.

Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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