Poesía y conversión

Recuerdo que de niño, de adolescente, era muy religioso, muy católico, si se compara con la mayoría de católicos de BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones) y de SS (Semana Santa). Yo era practicante, de misa, de comulgar, de confesar, de creer en los dogmas de la Iglesia, en sus mandamientos. Quizás la Iglesia fue un refugio para mí, un lugar donde sentirme acogido y comprendido; pero me equivoqué. Con el tiempo fui cambiando, fui convenciéndome de que había muchas cuestiones que no me cuadraban, muchas creencias católicas que estaban fuera de la lógica. Fui experimentando la soberbia, la desmedida autoridad, la discriminación, que los ideales de la Iglesia transmitía.

Comprendí un día que Jesús y la Iglesia son dos cosas distintas, que el Evangelio era pisoteado constantemente por la Iglesia de Roma. Poco a poco me fui apartando, hasta que un día apostaté oficialmente ante notario de la Archidiócesis de Sevilla.

Vi la trampa de las creencias religiosas, no solo de las católicas, y aunque nunca dejé de ser creyente sí dejé de ser practicante. En todas y cada una de las religiones del mundo observé los mismo fallos, las mismas trampas. Eso sí, siempre respeté a los que sí practicaban, más bien todo lo contrario, me parecía respetuoso ser creyente y practicarlo, lo que no me parecía de recibo es ser de BBC y SS.

Una cosa es respeto y otra compartir. Decir que soy tolerante es mucho decir, pues no soy nadie para tolerar o no, aunque muchas creencias religiosas me parecen criminales y otras me parecen incluso positivas. Pero la cuestión no es esta. La religión en sí se ha convertido y es un freno para la evolución espiritual del ser humano. Espiritualidad y religión se enfrentan, pues la primera es pura, va a la fuente, está llena de humanidad, y la segunda presume de lo primero, está llena de normas y rituales, y está tan institucionalizada que es una auténtica aberración.

Pero como dije, fui muy católico y escribí muchas oraciones y poemas al respecto. Cuando releo la serie de Poesía Interior y me encuentro con esos poemas, me sale una sonrisa de complicidad, de cariño, como si aquel que escribió fuese otro que este que escribe ahora mismo. Una complicidad del que ha tenido una misma experiencia. Es verdad lo que decía Jesús a Nicodemo, que hay que nacer de nuevo, y aquel chiquillo era otro, un hombre viejo. Eso sí, ya apuntaba maneras y muchos poemas dudaban del status quo, se adentraba en la mística, y se veía una conversión. De otra manera no hubiera podido ser el de ahora, apostatar, si de aquellas reflexiones hechas poesía o aparente poesía, no hubieran ahondado en la verdad, mi verdad, en el mundo, mi mundo.

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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