La sombra escurridiza

Este pequeño cuento o fábula formará parte algún día de un libro de cuentos y fábulas, que poco a poco estoy escribiendo, y que espero acabar antes que Anubis asome su hocico.

La Sombra Escurridiza

Había una vez una sombra que no se quedaba quieta, ni aunque su dueño estuviese dormido o atado a una estaca. Fuese cuando fuese que la sombra apareciese, la sombra no paraba, iba de un lado a otro, dando vueltas al dueño: a la derecha, a la izquierda, ahora se alarga, ahora se achica, es que no paraba.

Cansado el dueño de tan esquiva sombra quiso pagarle con su misma moneda, se montó en pleno y soleado día en un tiovivo. Al principio la sombra seguía como si tuviera el baile de San Vito, pero al poco tiempo apreció para su desgracia, que su dueño se movía más que ella. El dueño daba una vuelta, y otra, y otra, minuto tras minuto, hasta que ya no aguantó más la sombra y se agarró quieta, como una estatua, a su dueño y así estuvo hasta que terminó de dar vueltas.

Desde aquel día la sombra está cuando debe estar, y se traslada donde debe trasladarse, y su dueño estuvo contento para siempre.

Tiene su moraleja, desde dos puntos de vista. Primero, a simple vista, el punto de vista de “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”, frase célebre evangélica que pudiera redondearse o completarse con otra “haz a los demás lo que quieres que te hagan a ti”. Segundo punto de vista: la sombra de nuestro cuerpo es la sombra de nuestro interior, lo que Jung llama, precisamente, la Sombra. La Sombra es nuestro espectro tenebroso, donde se guarda todo aquello que nos resulta vergonzoso, inmoral, impropio, etc. son aspectos de nuestro ser que no queremos ni nos gusta, principalmente negativos. Esa Sombra siempre nos está dando guerra, normalmente sin darnos cuenta. Cuando la persona, el ser, se da cuenta de lo que le pasa, su acción es moverse, tomar consciencia, para que la Sombra tome el puesto que debe tomar y no siga haciendo de las suyas.

 

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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