Un combustible llamada Humildad

La humildad es el combustible con el que funciona el caminante, el peregrino que busca la verdad, el conocimiento, la redención, el perdón, la sabiduría, etc. Es el combustible que se necesita para despertar, el que se necesita para caminar por el valle sombrío, el que se necesita para adquirir conocimientos y para descartarlos.

En este tortuoso y espinoso peregrinar hacia la sabiduría, hacia el conocimiento de lo oculto y de lo patente, se corre el peligro de que el caminante se olvide de repostar, de llenar sus motores de una humildad de calidad y potente. Si llena el motor de otra cosa, por ejemplo, soberbia, vanidad, porque se cree que ha llegado a algún sitio, que por experiencias, estudios, edad, etc. es una persona importante, sabia… entonces estaría perdido aunque no fuese consciente de ello.

Muy a menudo, los que han llegado a ese punto en el que se creen que son y no son, fundan sectas, movimientos new age, religiosos, lideran formas de pensar, capitanean a gente que buscan la verdad, que van por sus propios caminos, pero que se han desviado para seguir a “maestros” de este tipo, que por supuesto, con la mejor intención casi siempre, piensan que son unos elegidos, portadores de una verdad trascendental y que están haciendo un bien a la humanidad. Los discípulos, a parte de perjudicarse a sí mismos, también aúpan al gurú al pedestal de una pseudo-divinidad, que a la larga también le perjudica.

Puedo comparar esto con aquel que lleva toda una vida luchando, buscando un tesoro, y que cuando lo encuentra no sabe qué hacer con él y comienza a malgastarlo, en vez de invertirlo y disfrutarlo con cabeza. Dice una frase evangélica que “donde está tu tesoro estará tu corazón”, y ese punto, el del maestro fallido, es una abominación para el corazón, una profanación de lo más sagrado. Si no es capaz de actuar como debe con ese tesoros, ¿qué se puede esperar de él cuando deba hacer lo impensable con ese don?

Malgastar el tesoro es como llevar una luz por medio de un túnel oscuro y conducid a la gente por donde no le corresponde o por donde solamente debiera ir él. Tal como describo en otro post, todos debemos seguir nuestro camino y portar nuestra propia antorcha. No hay maestros, y si los hay son tan humildes que se niegan a tener discípulos. Los auténticos maestros, los que de un modo u otro podrían considerarse como tales, son aquellos que tienen tanta luz que iluminan todo un camino, pero que ayuda a los demás que acrecienten su propia luz y sigan su rumbo particular.

 

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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