El juego de la supervivencia

En la lucha por la supervivencia, en plena faena, que es siempre, existen varias opciones, entre ellas ganar o perder; pero también otra que es rendirse. Rendirse es como perder, pero también se convierte en algo como ganar cuando te das tiempo y forma parte de una estrategia. Existe también el huir, que es como rendirse pero sin darle tiempo al enemigo a exigir sus pretensiones. En rendirse tienes la opción de aliarte al enemigo o ser su súbdito. Huir tienes la opción de volver a enfrentarte cuando estés más preparado o no ver al enemigo jamás. Cuando pierdes tienes las mismas opciones, si no mueres, de rendirte o de huir. Cuando ganas impones tu voluntad.

La vida, pues, es una lucha de supervivencia constante, con grandes batallas y pequeñas escaramuzas, con épica victorias y épicas derrotas, con honrosas huidas y huidas dolorosas, con denigrantes acuerdos, con rendiciones amables y rendiciones humillantes.

Toda esta lucha la hacemos sin darnos cuenta la mayoría de las veces. Ataque y defensa forman parte de nuestra vida diaria sin apenas apreciarlo. Derrotas, huidas, rendiciones y victorias, junto a alianzas, separaciones, etc. son nuestro pan de cada día.

Es el juego de la supervivencia y aunque nos parezca feo, malo, impropio, retrógrado, es en realidad a lo que todos, sin excepción, jugamos todos los días.

Bíblicamente hablando no es solamente un valle de lágrimas, también el mundo es un campo de batalla, un campo donde todo tipo de guerras y contiendas se dan, no solamente colectivas, también privadas, íntimas, sin sangre en la mayoría de los casos, batallas con el corazón, con la mente, que producen un valle de lágrimas.

En el juego de la supervivencia buscamos aliados para tener más posibilidades de vencer, aunque vencer no sea garantía de hacer lo correcto. Buscamos naciones, familias, grupos, clubes, asociaciones, hermandades, para tener posibilidades victoria o para desalentar a posibles enemigos. Los que huyen o se rinden suelen buscar colectivos para no sufrir más humillaciones, aunque sea imposible hacerlo.

Unas veces se gana, otras se pierde, y perder y ganar no significa nada para nuestra evolución espiritual. Hay otro camino en el juego de la supervivencia, un despertar de la conciencia que indica, que te posiciona dentro del juego, no tan solo con la ventaja del que conoce todas las formas de lucha y sus posibles resultados, sino con la dicha y disgusto de conocer de antemano el engaño al que todos estamos abocados en este valle de lágrimas.

Somos luchadores, despiertos o no, así que todos estamos con nuestras armas en ristre.

El otro camino, ese que tiene que ver con el despertar de la conciencia, con el camino del iluminado, del humilde, sera harina de otro costal o pasto de otras llamas.

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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