La energía de la bondad

Es cierto,  sería de ilusos negarlo, el hombre es un lobo para el hombre. Basta echar un breve vistazo a la situación política del mundo, a los conflictos bélicos, a las penurias de la gente provocada por gente despiadada. Negro, todo se ve negro, y es de ilusos negarlo, cuando vemos mafias esclavizando a seres humanos, cuando vemos el maltrato a niños, a mujeres, a ancianos, a animales, cuando vemos todo tipo de fobias contra el vecino.

Sin embargo, en medio de esa gravísima oscuridad se ven destellos, como las luces en un aeropuerto que sirve para tomar tierra, como esa luz de emergencia que se enciende cuando se va la luz.

Hay gente maravillosa, llena de bondad, de amor, de entrega por el prójimo, gente admirable, almas nobles y espíritus sublimes, seres humanos llenos de luz, de mucha luz. Cuando uno ve gente así piensas, por muy malos que sean o parezcan, que los humanos están capacitados para lo más alto. Gente santa, gente divina, humanos que son antorchas, guías para el resto de la humanidad. Normalmente son gente normal, anónima, que no sale en los medios, que no tiene condecoraciones, que realiza sus tareas y trabajos con humildad, con la modestia del día a día. No hay dinero para pargarles. No les mueve, como diría el poema, el miedo al infierno ni la esperanza del cielo, simplemente tienen corazón y esa energía amorosa, la que mueve los planetas y las altas estrellas, como diría Dante, que les hacen actuar.

Muchas veces, no podemos negarlo tampoco, si tuviéramos un botón que pulsar para acabar con todo el sufrimiento del mundo, en una apocalíptica explosión, muchos hubiéramos exterminado a la humanidad en un segundo. Pero luego ve uno a gente de este tipo, a gente con tanto amor, a gente tan inocente, que entiende uno lo de Lot y lo de Sodoma y Gomorra. Así que para mí, en mi inexperta y modesta opinión, creo que lo único que sostiene a este mundo con vida es la energía de esa gente maravillosa y la esperanza de que esa energía resucite en cada uno de nosotros, que no somos tan maravillosos, y algún día el avión no necesite pequeñas luces para aterrizar porque ya la pista, el aeropuerto, el mundo entero, esté envuelto y sea luz.

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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