Vivo sin vivir en mí

No soy mucho de citar la Biblia, pero he estado pensando en el Evangelio según Juan, el 12 25: “El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna”, esta cita la he copiado del la Biblia de Jerusalén, otras dicen lo mismo, más o menos, con distintas palabras, la textualización es la misma. Esta cita me ha recordado al famoso poema de Santa Teresa de Jesús:

Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero.

Esta divina prisión
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte,
vida, no me seas molesta;
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero,
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba
es la vida verdadera;
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es el perderte a ti
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

El otro gran místico, San Juan de la Cruz, compuso un poema similar, usando la misma entrada:

Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero, porque no muero.

En mí yo no vivo ya,
y sin Dios vivir no puedo,
pues sin él, y sin mí quedo,
¿este vivir qué será?
mil muertes se me hará,
pues mi misma vida espero,
muriendo, porque no muero.

Esta vida, que yo vivo
es privación de vivir,
y así es continuo morir,
hasta que viva contigo:
oye mi Dios, lo que digo,
que esta vida no la quiero,
que muero, porque no muero.

Estando ausente de ti,
¿qué vida puedo tener,
sino muerte padecer,
la mayor que nunca vi?
lástima tengo de mí,
pues de fuerte persevero,
que muero, porque no muero.

El pez que del agua sale,
Aún de alivio no carece,
que la muerte que padece,
al fin la muerte le vale;
¿qué muerte habrá que se iguale
a mi vivir lastimero,
pues si más vivo, más muero?

Ambos místicos coincidieron a caso hecho para crear, en modo de trabajo espiritual, de experiencia trascendental, este poema. Yo hice uno, inspirado en estos, más bien en el de San Juan de la Cruz, que conocí antes.

NOCHE OSCURA SOBRE EL ALMA

Tan incierta es mi vida
como difícil es mi sendero,
porque ayer que vivir quería,
hoy que quiero no lo puedo.

Noche en tinieblas viene
sobre el templo de mi cuerpo,
porque noche en tinieblas siempre hubo
y noche en tinieblas seguirá habiendo.

Tan difícil veo mi camino,
como metido en un agujero,
porque ayer que luchar no quería,
hoy que quiero no lo puedo.

Respirar para mi es seguir luchando,
pues hasta el aire que respiro
¡tanto me cuesta inspirarlo!,
que es milagro que hoy vivo.

Tan obstruido veo mi paso,
como amargo mi veneno,
porque ayer que andar quería,
hoy que quiero no lo puedo.

Ayer que tan grande me creía
porque me hacia tan pequeño,
hoy me creo un miserable
que quiere estar muerto.

Tan incierta es mi vida
como difícil mi sendero,
porque ayer que morir quería,
hoy morir también lo quiero.

Todo esto lleva de nuevo a meternos de lleno en el significado de la cita evangélica. Es un contrasentido o una paradoja, al menos superficialmente hablando, que para amar la vida, para vivir la vida, debas perderla, y que además, si odias tu vida o la vida en este mundo, la reserves para un mañana celestial. Es evidente de que habla de dos clases de vida, la mundana y la espiritual, y que no se trata de desprecios u odios, más bien es un orden de prioridades. “Si amas la vida mundana, la perderás, y si amas la vida verdadera la tendrás, si desprecias la vida mundana tendrás la verdadera, si desprecias la vida verdadera tendrás nada más la mundana”. No me apetece analizar con profundidad este pasaje, nada más que dar a entender lo que siento cuando me topo con él y lo que percibo en mi interior.

La vida es la vida, esta es mi sincera opinión, no hay una vida mejor u otra peor, la vida es en sí misma lo que es y el vestido que le pongamos es nada más que un vestido. Podemos disfrazar la vida de mundana existencia o de trascendente estar, y podemos, como es habitual, mezclar ambos vestidos. Podemos llevar ropa interior trascendente, oculta, aunque se haga notar por la gente, y un traje mundano, que es nuestra visibilidad exterior, lo que más conocerá la gente de nosotros. No podemos ir en ropa interior siempre, ni vestir sin ropa interior siempre. Lo habitual es ponernos todas las prendas y que unas se vean y otras se noten, que una nos identifique y otra nos defina. Con el tiempo, con la evolución, supongo, vestiremos más con bañadores, que es como llevar ropa interior siempre y nuestra definición e identidad sean más compatibles, complementarias y claras.

A los que son como yo esta vida nos parece un valle de lágrimas, un campo de discordias, y no nos sentimos del todo a gusto en este mundo. Vemos, eso sí, la belleza intrínseca de las cosas, del ser humano, de la vida, más que nadie, por eso estamos tan tristes al contemplar tanta abominación y desolación. Vemos la belleza y lo sagrado donde otros no ven nada, donde otros profanan constantemente lo más sagrado, sin percatarse de la gravedad. Unos confunden ser felices con pasárselo bien, disfrutar con consumir, estar contentos si son satisfechos sus instintos y ambiciones, etc. Pero la felicidad, el contento, el disfrute, no son esas cosas. Esa felicidad es superflua, es fútil, pues es como un suspiro que dura segundos. Muchos buscan muchos suspiros constantes de este tipo y viven frustrados y buscando sin parar, e inútilmente se esfuerzan, es un inacabable suspiro y decepción. De manera superficial se vive ese vaivén y en el interior de cada uno de manera perenne. Otros buscamos la pureza de esa felicidad, la auténtica vida. Y no es que este mundo no sea hermoso, lleno de vida, es que el mundo entero pisa, sin darse cuenta, la vida, a la que visten de trajes que no dejan ver la ropa interior.

Lo que vemos fuera haría que nos suicidásemos, pero lo que vivimos en el interior hace que vivamos con intensidad, casi molecular, la vida. No la intensidad del que se tira con un paracaídas o del que sale todos los sábados de marcha, no del que todos los fines de semana sale con la moto o la bicicleta, no con la intensidad del que no para de trabajar, hablar o manifestarse. Es una intensidad distinta. Es una intensidad paradójica, casi del Tao, un quietismo que es pura energía. Es una intensidad del que sublima y transforma las emociones, del que se maneja por infinitos mundos del interior sin más nave que su propia mente.

Sobre nuestra forma de ser pongo el capítulo 20 del Tao Te King:

La Gente sólo se Distrae, sólo El Sabio Piensa

Suprime el adoctrinamiento y no habrá preocupaciones.
¿Qué diferencia hay entre el sí y el no?
¿Qué diferencia hay entre el bien y el mal?
¡El dicho “lo que otros evitan, yo también deberé evitar”
cuán falso y superficial es!
No es posible abarcar todo el saber.
Todo el mundo se distrae y disfruta,
como cuando se presencia un gran sacrificio,
o como cuando se sube a los jardines de una torre en primavera.
Sólo yo doy cabida a la duda,
no copiando lo que otros hacen,
como un recién nacido que aún no sabe sonreír.
Como quien no sabe a dónde dirigirse,
como quien no tiene hogar.
Todo el mundo vive en la abundancia,
sólo yo parezco desprovisto.
Consideran mi mente como la de un loco
por sentir umbrías confusiones y críticas.
Todo el mundo brilla porque solo las luces buscan,
sólo yo me atrevo a transitar por las tinieblas.
Todo el mundo se conforma con su felicidad,
sólo yo me adentro en mi depresión.
Soy como quien deriva en alta mar,
voy contra la corriente sin un rumbo predestinado.
Todo el mundo es puesto en algún uso;
sólo yo soy un ermitaño intratable y aburrido.
Sólo yo soy diferente a todos los demás
porque aprecio a la Madre Naturaleza que me nutre.

Esos trajes que colocamos en nosotros son máscaras, en la psicología jungiana sería el arquetipo Persona, que marcaría más un personaje, como si fuera una magnífica obra de teatro, que a una personalidad, que sería el conjunto de máscaras. Esa personalidad del cúmulo de personajes, nos identifican de mil maneras, dependiendo el momento, las circunstancias, del espacio y el tiempo. No es negativo, es así y ya está, todo forma parte de nuestra ser. Trajes y trajes disfrazados de vida, máscaras y más máscaras.

La vida, la auténtica, es toda, pero se halla en infinitos estados y formas diferentes, como el agua, capaz de tomar millones de formas y varios estados. La vida es una y es toda, como el Tao, como el Verbo. Vivo sin vivir en mí porque vivo dentro de mí y porque vivo en todo, y muero porque no muero porque esa vida eterna la supuse futura y exterior, pero no es así, “muero porque no vivo”, porque no vivo consciente en todo. Ya soy, yo soy, todos somos ya, todos somos uno, y eso es el camino del despertar de la conciencia.

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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