Ojo clínico

Tener ojo clínico no es ser adivino, tener dones paranormales, es el resultado del estudio, del conocimiento, es una intuición cuya base es la ciencia, la experiencia, de una manera tan rápida que parece cosa de brujería. El ojo clínico, cuando es resultado de una intuición pura, es decir, no contaminado por cientos de pensamientos y temores, suelen ser muy acertado. Normalmente se dice tener ojo clínico en el ámbito de la medicina y la salud, pero se puede extrapolar a otros oficios. Un albañil, un fontanero, un ingeniero, un soldado, un pastor, etc. pueden tener ojo clínico.
Lo triste es que este don se está perdiendo, no solamente por la falta de bastos conocimientos que son la base, sino por la falta de confianza en uno mismo y por la contaminación de miles de pensamientos que achicharran el corazón. Digo corazón no como un órgano, sino como una metáfora o como un lugar de donde sale esa intuición. También podría decir que sale de las tripas, como si las tripas fueran el lugar donde nace el ojo clínico.
La intuición está denostada como si fuera algo extraterrestre, cuando forma parte del ser humano. Una intuición es una corazonada, un pálpito, pero que se origina en el fondo del inconsciente. En el inconsciente está todo lo aprendido y todo lo no aprendido, está lo que creemos saber y lo que no sabemos que sabemos. Tienes una experiencia, sabes que en enero hace frío, es lo que recuerdas, pero tu mente también se ha llevado a lo más hondo de sí las sensaciones, no solamente los conocimientos. Tus ojos ven  más de los que recuerdas, tu atención puede estar en lo que sucede delante, pero también ha visto lo de los laterales, así mismo ha sentido, percibido, oído, cosas que ni recuerdas pero que se han grabado. Has leído muchos libros, has estudiado un montón, y todo ello se ha arrogado en tu interior, donde se ha conectado y anexado, donde todo ha encajado como un puzzle. Eso es la intuición, eso es el ojo clínico. Pero para tener ese buen ojo clínico y no cagarla debe haber una actitud humilde y unas grandes dosis de ganas de ayudar, de no dar nada por sentado y terminado, de no rendirse.
Un psiquiatra puede ver que un paciente está ansioso, que puede tener trastornos obsesivos, puede restarle importancia a otros síntomas, se puede quedar en lo superficial, recetarle un antidepresivo y un tranquilizante. Puede volcar todo su conocimiento en temas de neurotrasmisores y obviar lo psíquico. El psicólogo que lo vea después puede centrarse en sus relaciones familiares, ayudarle a controlar las obsesiones y olvidarse de que tiene problemas mayores, simplemente porque el paciente no cuenta todo. Nos podemos hallar ante una persona con tratamiento con psicofármacos y hablando de su niños en todas las sesiones, cuando lo que guarda es un terrible secreto, por ejemplo, que fue víctima de abusos o que ha matado a una persona o que toma drogas o que su marido le pega o que en el colegio lo maltratan. Para eso hay que tener ojo clínico, atar cabos, encajar piezas y tener ganas de resolver ecuaciones psíquicas, donde despejar la X es primordial.
Podría decir lo mismo de un albañil que es incapaz de ver que una pared se va a derrumbar y lo que hace es enlucir para tapar lo cascarillado. Podría decir lo mismo de mecánico que le cambia el ventilador a un frigorífico cuando lo que le falta es gas. Podría decirse que ese ojo clínico falta en muchas profesiones.
Ese mismo ojo clínico también se da o no se da, por desgracia, en la vida diaria, en nuestras relaciones, donde no somos capaces de atar cabos en el comportamiento de nuestros hijos o de nuestra pareja o de nuestro vecino o de nuestro compañero en el colegio, en nosotros mismos. ¿Cuántas veces no somos capaces de ver nuestra propia realidad? También debemos ser capaces de mirarnos a los espejos, de tener pura intuición con nosotros mismos.

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Acerca de joluvero

Nací en Sevilla, en 1972, y resido en Las Cabezas de San Juan. Soy esposo, padre de tres niños, trabajador en una farmacia, profesión que compagino con mi afición a escribir. Escribo novelas, relatos, poesía, ensayo, todo desde un punto de vista espiritual y profundo, dándole a mis obras incluso varias lecturas paralelas. Me gusta hacer senderismo, andar por el campo, por el bosque, me gusta leer, escuchar música. Me gusta el misterio, lo paranormal, lo oculto, etc.
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